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La aberrante teología del silencio cómplice

La aberrante teología del silencio cómplice

sábado 23 de febrero de 2019, 12:30h
Joaquin Montull lleva 57 años rindiendo culto y tocando el órgano en honor del dictador Franco. Montull es el monje más veterano del monasterio benedictino del Valle de los Caídos.

El otro día hizo unas declaraciones a la cadena SER y mientras escuchaba sus palabras en directo no salía de mi asombro, no tanto por sus argumentos, infantiles e ignorantes, sino por el desprecio que encerraban hacia todos los españoles con sentido común y capacidad para pensar. De “aberración teológica” calificó la decisión de exhumar los restos del dictador con el argumento de que en un “monumento creado para la reconciliación de todos los españoles el fundador no pueda estar en él”.

Montull refuerza su creencia apoyándose en un hombre de nuestros días, el profeta Isaías, gran conocedor de la realidad española, con el que viaja hacia los tiempos mesiánicos en los que habitará “el lobo con el cordero, el león con el cabrito” Y el benedictino visionario se apoya en las víctimas que yacen en la fosa común del Valle de los Caídos para afirmar que ellas, incluso las republicanas que están bajo la gigantesca cruz, son las primeras en desear que Franco no salga del Valle “ya que ven las cosas desde un punto de vista sobrenatural”.

Por si no lo sabíamos, el monje nos recuerda que lo que quiso Franco fue “reconciliar a las dos españas bajo los brazos pacificadores de la Cruz”. La amenaza de las dos españas otra vez. Una cristiana que ve en el Valle el espíritu reconciliador y la otra, la republicana, que provocó el inevitable alzamiento nacional que lideró Francisco I el Pacificador. Y qué piensa el Vaticano de la nueva batalla entre las dos españas por la posesión del cuerpo incorrupto del dueño del Pazo de Meirás? Pues como siempre se pone de perfil y aguarda tranquilo la decisión de la Justicia española. Sí, de la Justicia terrenal, incluido el Tribunal de Estrasburgo, que en este caso el organista de Franco no quiere recurrir a Isaias ni a Jeremías ni al testimonio sobrenatural de las víctimas para convencer a los jueces.

Coincide este enfrentamiento entre la Iglesia y el Gobierno español con la celebración del gran cónclave sobre la postura, pasada, presente y futura de la Iglesia Católica universal, incluida la española, en los miles de casos de pederastia protagonizados por los pedófilos sacerdotes, incluidos los máximos jerarcas que se dicen seguidores seguidores de un Dios, Cristo, que lanzó uno de sus más furibundos anatemas contra aquellos “que escandalizaran a uno solo de estos mis pequeñuelos. Más les valdría atarse una rueda de molino al cuello y arrojarse al mar”.

Mira por donde, en esta ocasión en vez de seguir sus consejos, se refocilaban metiendo sus aberrantes manos por debajo de los cortos pantalones y las largas faldas en busca de anos, testículos, vaginas y penes de aquellos pequeñuelos a quienes unos crédulos y alienados padres confiaron la educación de sus hijos. Y así llevan desde los tiempos terrenales hasta los mesiánicos del monje Montull. Eso sí, sin esperar el veredicto de la Justicia ya que ellos, los hombres de Dios, están por encima de las leyes terrenales y solo deben responder ante el Mesías el día del Único y Final Juicio.

En estos casos las víctimas fueron condenadas al infierno del silencio sin poder recurrir al tribunal de Estrasburgo ni sus familiares defender sus derechos y los de sus hijos. Todos los miembros de la Iglesia Católica, desde los sucesores de Pedro hasta los más humildes curas, son culpables, por acción o por omisión, del crimen de lesa humanidad contra los hombres y mujeres a quienes estigmatizaron. ¿Alguien puede imaginar el sufrimiento de esas monjas convertidas en esclavas en nombre del Dios a quien aman con desesperación?

Esa sí que es una aberración teológica con los lobos cuidando de los corderos. Yo me imagino que en esos tiempos mesiánicos que añora el organista, si Cristo resucitara, el Cristo sesenio y pobre, hijo de padres mortales, que no ascendió a los cielos y que yace en una desconocida tumba en cualquier cuneta de Palestina, volvería a coger el látigo con el que expulsó a los mercaderes del templo, para fustigar y expulsar del Vaticano a todos los asistentes del cónclave, a quienes perseguiría hasta sus madrigueras, incluida la del Valle de los Caídos, donde yace el cuerpo incorrupto del dictador, arrullado por los compases del órgano que toca el benedictino Montull.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    3132 | ANTONIO - 01/03/2019 @ 12:31:01 (GMT)
    Aberrante me parece la mezcolanza que hace el comentarista, confusión de churras y merinas, únicamente para, como casi siempre, arremeter contra la iglesia, con ocasión y (como hoy) sin ella.

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