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¿Qué, demonios, está pasando aquí?
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(Foto: Europa Press)

¿Qué, demonios, está pasando aquí?

domingo 10 de febrero de 2019, 15:17h

A primera hora de la mañana, Javier del Pino dedica, en la Cadena SER, la habitual necrológica de los domingos a Violeta Zúñiga, una mujer a la que los esbirros de Pinochet arrebataron al marido convirtiéndola en activista de los derechos humanos desde la Agrupación de Detenidos y Desaparecidos de la Dictadura Militar de Chile. Participa Luis Sepúlveda, escritor y periodista chileno, víctima también de la dictadura. Sepúlveda relata anécdotas del infierno en el que los militares convirtieron su país en la década de los 70.

Franco, Pinochet y sus homólogos de Argentina, Uruguay y tantos otros de diversas épocas aparecen en la memoria chorreando sangre; aparecen las lágrimas de tantos que perdieron en manos de los asesinos a los que más querían; aparecen las caras de los que dedicaron toda su vida a buscar a sus desaparecidos para honrar sus huesos, para no permitir que quienes acabaron con sus cuerpos, acabaran también con sus nombres, con todo rastro de su existencia en este mundo.

La memoria recuerda entonces que varios medios han anunciado que hoy ofrecerán un programa especial para seguir la manifestación convocada por los partidos populistas de derechas, el Partido Popular, Ciudadanos, Vox, con la participación anunciada de organizaciones fascistas como la Falange.

¿Qué tendrán que ver dictaduras sangrientas con una manifestación legal y pacífica convocada para defender la unidad de España y el adelanto de elecciones? Otra vez vuela la memoria, ahora al Uruguay de los 60, cuando al país se le conocía por el honroso nombre de la Suiza de América; vuela a la Argentina de las bibliotecas; al Chile que recibió con profunda emoción el cuerpo de Gabriela Mistral, Premio Nobel de Literatura, que hasta después de su vida en esta tierra siguió ayudando a los más desfavorecidos. ¿Qué tendrá que ver una simple manifestación democrática con el horror y la muerte que asolaron esos países ejemplares; que infligieron a sus propios compatriotas unos individuos cegados por la ambición de poder?

Quien se escandalice en la España de hoy por asociaciones o comparaciones flagrantemente exageradas es que no se ha detenido a pensar en lo que pasa. ¿Qué tiene que ver la búsqueda de una solución dialogada al problema de Cataluña con la alta traición? ¿Qué tiene que ver la presencia de un relator o lo que sea en una mesa de negociaciones con el descuartizamiento de España? La política entendida como administración de los recursos, de todo tipo de recursos, para el bien de los ciudadanos, ¿qué tiene que ver con la felonía?

Esta semana, comentaristas de todo signo y todo pelo han caído presa de la histeria desatada por una simple palabra: relator. Dentro de unos años, si vuelve la sensatez a este país que los populismos están volviendo loco, lo que ha ocurrido causará estupor al ver que la España que celebra el 40 aniversario de la Constitución que garantiza la libertad y los derechos de todos los españoles, se debate en una duda autodestructiva entre dos opciones; un gobierno estable que vaya recuperando a buen ritmo las libertades y los derechos que se perdieron con la recesión o un gobierno de quienes utilizaron la recesión para recortar las libertades y los derechos de todos los españoles.

Uno busca precedentes de lo que está pasando aquí y empieza por encontrarlos en la Italia de Salvini y los fantasmas del 5 Estrellas, en la Hungría de Orban, en la Austria de los conservadores en coalición con la ultraderecha, en la Francia que vota a Le Pen, en la América que exhibe ante el mundo un espantajo como Trump. Y si no para de buscar precedentes puede llegar al pueblo italiano que se arrodilló ante Musolini y a los alemanes que acogieron a Adolf Hitler con entusiasmo. ¿Imaginaban los europeos de los años 30 que su irreflexiva adhesión a los salvapatrias iban a precipitarlos a todos en el infierno de dictaduras feroces y de una guerra mundial? Algunos se atrevieron a predecir los desastres. La mayoría ignoró las predicciones por parecerles el colmo de la exageración.

Pues, ala, a ver la manifestación "histórica" de hoy como otro espectáculo de los que nos ofrecen los medios entregados al amarillismo para mimar el morbo de la audiencia. A emocionarse con los himnos y con los insultos contra el presidente del gobierno y contra la ristra de amenazas que según los oradores asedian a España. A dudar. ¿Tendrá razón tanta gente? ¿Será verdad lo que dicen esos políticos tan jóvenes, tan bien arreglados, tan picos de oro? A lo mejor es verdad que no vale la pena sacar la momia de Franco de donde está, para qué remover porquería, ni vale la pena gastar dinero en buscar huesos, si, total, ya están muertos, ni causar más problemas de los que tienen las mujeres con leyes que las protejan si lo que pueden conseguir es irritar más a los hombres y poner las cosas más difíciles a todos. Dice el presidente del PP que el del gobierno quiere entregar Cataluña a los independentistas y a lo mejor es verdad porque lo repite con mucha convicción. Si Sánchez no fuera traidor a España, los de las derechas no se atreverían a decirlo. Y a lo mejor es verdad que si gobernaran esos chicos tan preparados y bien puestos los españoles estaríamos mucho más tranquilos, porque aunque nos dejaran con lo poco que tenemos o hasta con un poco menos, podríamos vivir más en paz, como con Franco.

Esas profundas dudas existenciales mañana encontrarán eco y corroboración en los medios firmadas por intelectuales de reconocido prestigio. Le dirán a los dudosos que dudar es de inteligentes, que no hay verdades absolutas, que todo es relativo, que no hay blanco ni negro y que todo es gris. O sea, que la derecha se equivoca pero que el gobierno socialdemócrata también.. La materia gris del español del montón, sacudida por tantos requerimientos, aceptará con gusto que no tiene por qué exprimirse para decidir cual es la mejor opción. Da igual el uno que el otro, Con lo fácil que es dejarse convencer por los que gritan con mayor convencimiento. No hay más que ver en las películas lo bien que se lo pasaban los italianos oyendo a Mussolini y los alemanes oyendo a Hitler. ¿Qué sale presidente del gobierno ese tan apuesto y con barba tan bien cuidada y con una voz tan potente que electriza cuando chilla "Viva España"? Bueno, ¿y qué? Así las derechas se quedarán tranquilas y lo dejarán a uno en paz. Cuando ganan los socialistas, las derechas no paran de armar follón y así no hay quien viva.

Con profunda preocupación el que piensa se pregunta, ¿es esto lo que está pasando aquí?

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