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La Fiesta de Colón que nos volverá a helar la sangre

La Fiesta de Colón que nos volverá a helar la sangre

domingo 10 de febrero de 2019, 11:50h

Simbología, banderas, himnos, "cara al sol con la camisa nueva...", familias católicas y apostólicas, las que negaban el aborto y mandaban a sus hijas a Londres cuando aquí estaba prohibido, los que votaban contra el divorcio pero ponían el piso a la querida. Los partidarios de meter en la cárcel a la adúltera y quitarle los hijos, pero ellos iban de putas... en definitiva, los de la España en blanco y negro que abomina de la igualdad para todos.

La España de la caspa, hipocresía, eucaristía y sotanas, pretende volver. Van a exponer sus vergüenzas, de la mano de políticos irresponsables, desleales, incluso indocumentados. Y para ello harán un despliegue espectacular en la Plaza de Colon. Bajo el llamamiento de Pablo Casado, un líder radicalizado del PP, de 38 años, de Albert Rivera, otro ultraliberal y cobarde, de 39 y un resucitado de las nostalgias franquistas, Santiago Abascal, de 42 que lleva la batuta a los anteriores. Novatos, sin memoria histórica y con cero trayectoria política. "Volverán banderas victoriosas..." de la mano de los políticos que nos vendieron y venden que van a regenerar la democracia. Se dará la gran contradicción en Colón bajo la consigna "que no nos rompan España" aquellos que están viviendo de esta ruptura y no quieren arreglarlo. Volverán banderas victoriosas, que en aquellos tiempos -que creímos jamás volverían- lo hicieron contra el divorcio, contra el aborto, contra el terrorismo... nunca contra la pobreza, la desigualdad, la discriminación de la mujer, de los homosexuales, contra el paro, la precariedad, los derechos sociales.

Tengo que decir que este domingo estaré en la Plaza de Colón. Como informadora, claro. Quiero verlo con mis ojos, y dejar que se me hiele la sangre, como en los tiempos del post franquismo y de Blas Piñar, frente a este evento retrógrado, irresponsable y desleal con los procedimientos democráticos que apela directamente a la involución y las nostalgias del franquismo. "Queremos que Sánchez haga las maletas y se vaya porque España se ha cansado de su traición con los secesionistas que quieren romper España", dice el ultra Ortega Smith, imitando a Casado y viceversa, uno de los convocantes junto a Albert Rivera, el mosquita muerta y Pablo Casado, el enloquecido. "Porque Sánchez se ha puesto a cuatro patas frente a Quim Torra", se atreve Arrimadas, mientras ella, que ganó las elecciones en Cataluña, no ha dado un solo paso por acercar posiciones en la resolución del conflicto catalán.

Este PP, al que Mariano Rajoy hizo bueno, está hoy echado al monte y cuesta abajo, aunque hay que reconocer que una gran parte de sus dirigentes veteranos están alarmados por la verborrea irresponsable y delictiva de este cachorro joven camisa parda. Aún así, prietas las filas, porque dentro de lo malo, creen que no estará mal medir fuerzas callejeras en la manifestación de este domingo en la madrileña Plaza de Colón. Un partido que tiene mucho que esconder. Un PP condenado en sede judicial por financiación ilegal y múltiples casos de corrupción, que estos días la UCO de la Guardia Civil sigue destapando y se añaden a más de un centenar de ellos que han dado con altos ex dirigentes, presidentes y ministros incluidos, en la cárcel. Un PP desalojado del poder por una atrevida y exitosa maniobra legal y legítima de un Pedro Sanchez que, hasta ahora, se arriesga, conecta con el pueblo y gana. Que hasta ahora, ha puesto en marcha, y digo puesto en marcha, no prometido, 24 decretos ley que ayudan y hacen más soportable la vida a pensionistas, mujeres, estudiantes, parados de larga duración, dependientes, y a amplios sectores de las clases medias españolas.

Aterrada la derecha, cuando intuyeron que esta carambola de diálogo con el independentismo, podría constituir otro éxito de Sánchez, y entonces se les acabaría el conflicto del que se alimentan como vampiros irresponsables para con su país, con manifiesta deslealtad al Estado y del que cosechan votos a mansalva bajo el lema "a los catalanes mano dura (art. 155 in eternum), a las feministas pararles los pies, los migrantes fuera porque se comen el pan de nuestros hijos, la mujer a parir hijos y acabar con el problema de demografía para pagar las pensiones, los homosexuales, otra vez a la discriminación y al ostracismo..." y otras salvajadas por el estilo, se pusieron manos a la obra y fletaron autobuses gratis de toda España a Madrid. "Cualquiera que quiera un viaje gratis, no hace falta que sea afiliado, ni simpatizante, ni nada, que se acerque a la sede del PP de su pueblo... que le traemos a Madrid". No dicho así, Casado utiliza sus engaños y eufemismo apelando a "cualquiera que sea un hombre de bien y luche por la unidad de España que venga a Colón".

Cuando Casado, Arrimadas en Cataluña, Rivera por toda España y Abascal, no han hecho nada, absolutamente nada, por la unidad de España. Más bien al contrario, boicotear cualquier iniciativa e intento de acercamiento negociado -dentro de Estatuto y la Ley, repetido hasta la saciedad- que el Ejecutivo de Sánchez lleva trabajando desde hace ocho meses. No hay otro camino. Cuando Rajoy mandó a negociar a Arriola en 2014 y después también en 2017 a Cataluña, con los Mas y Puigdemont, el PSOE ahí estuvo leal apoyando al Gobierno en la resolución de la crisis. Y este procés lo era por la inanición durante décadas del PP y lo es, una crisis que requiere "unidad de los partidos al lado del Gobierno" para encontrar soluciones. Como así lo entienden y apoyan, PNV y Podemos, los Comuns, y otros.

Aunque los grandes medios de comunicación, intencionadamente, en estos tiempos no quieren separar el polvo de la paja, y ayudan y jalean la crispación, no se si para vender más, porque la información veraz se ha pasado de moda y ha llegado el desembarco de las fake news, o aquello de toda la vida "no dejes que la realidad te arruine una buena noticia", o porque la profesión se ha precarizado tanto que ahora obedecemos al bolsillo y ya no hay ideales de servicio público a la verdad, al bienestar de la ciudadania y a apoyar a los vulnerables, que en cuatro décadas hemos visto y vivido los y las veteranas. Espeluzna comprobar la tormenta que se ha desarrollado en un vaso de agua con la palabra relator, intermediario, cuando el PP los ha utilizado cada vez que ha habido una situación de crisis delicada para España y para el Estado. Y han sido muchas. Pero eso no importa. Ahora la derecha se tira al monte porque realmente no quiere que se soluciones el conflicto catalán. Es eso, y solo eso, lo que ellos creen que les puede hacer ganar unas elecciones. Y se emplean a fondo.

Entre los años 2004 y 2010 el PP convocó trece manifestaciones desleales, algunas contra la forma de llevar a cabo el Ejecutivo socialista de Zapatero las negociaciojes con ETA, que acabaron con ella, por cierto. Y se quedaron enrabietados de que hubiera sido un presidente socialista y no Aznar, quien terminara con el terrorismo. Contra el matrimonio homosexual, cuando en sus propias filas había altos dirigentes que tenían esta opción y en muchos casos era clandestino y secreto pero en otros público y notorio. Otra hipocresía. Contra la Ley del Aborto. Algunos cargos de la cúpula del PP llevaban las pancartas y en algunos casos llegaron a juntar a más de un millón de personas. O sea que en la manifestación de la bandera, del Valle, de Franco y los nostálgicos, de la sacristía y la sotana, de la España casposa y pasada, del Cara al Sol y Arriba España, ya tienen experiencia. No nos asustemos por la movilización. Están y siempre han estado ahí. Los nostálgicos del franquismo, aquí como en toda Europa. Da igual lo que aprendimos de las guerras mundiales y del fascismo español. El problema es que durante el reinado de Rajoy, la derecha del PP había evolucionado, y hoy, la derecha del cachorro del falso Harvard de Aravaca, ha involucionado bajo la batuta del ultra Abascal, que le está robando votos por la derecha. Está desatado.

Lo que líderes como Feijó, Soraya Sáinz de Santa Maria, o Ana Pastor, presidenta del Congreso, habían modernizado y sintonizado al PP con los tiempos que vivimos. El novato Casado ha retrocedido. Y lo saben. Y tienen miedo. Se han enzarzado en una carrera hacia la radicalización tipo Bolsonaro o Trump, donde les da cero vergüenza, expresar su cazurrismo misógino, homófono, xenófobo. "Nos rompen España", suena en equivalencia a aquel, "España nos roba" con el que la familia Pujol y su heredero Más, que esquilmaron miles de millones a las arcas catalanas, montó la fábrica de crear independentistas, de modo que hoy dos millones de catalanes aún siguen con esa cantinela aunque se demostrara falsa una y mil veces. Lo mismo que romper España. Rompe España la guerra de banderas, los dos bloques, ultrancionalista y ultraindependentista que con discursos fanáticos e irreales unos, los secesionistas, y ultra ridiculizados los otros, los PP, Cs y Vox, viven muy bien "rompiendo España" y boicoteando que el Gobierno la una.

Y así están las cosas.

No obstante, en esta difícil crisis, veremos si el presidente Pedro Sánchez, caracterizado por su audacia y visión, que por cierto, también tiene escocidos, a las viejas glorias de su partido, y a los rencorosos que perdieron las primarias y con ellas sus cargos, que no saben envejecer con prudencia y dignidad fuera del foco mediático y se apuntan a "mi declaración por un minuto de gloria", es capaz de salir una vez más airoso de ella. Tranquila España. Que es sólo una manifestación. Una más de la derecha profunda. La vuelta al monte del PP, como cuando juntaba a casi un millón de personas e iba con los obispos contra el aborto pero se callaba contra la pobreza.

El Ejecutivo socialista, en ocho meses, ha podido demostrar que lo suyo no es una política solo de palabras sino de hechos, en este corto periodo de tiempo, ha conseguido, con sus exiguos 84 diputados, poner en marcha 24 decretos ley de los 25 presentados. Se refieren al plan contra la pobreza infantil, a la dotación de 2000 millones para el empleo juvenil, a la subida de pensiones, a las viudas, a los jubilados, de supresión del copago sanitario, de prestación de nuevo a parados mayores y de larga duración, de protección a las mujeres maltratadas y medidas contra la Violencia de Género, al aumento de Becas y la baja de tasas universitarias, a infraestructuras regionales que estaban bloqueadas, y suma y sigue. Una serie de medidas sociales, que han revertido los recortes y la austeridad del gobierno del PP que mientras vendía que la economía de España subía unas décimas más, los ricos cada día eran más ricos y los pobres cada día más pobres. Por tanto, tranquilos, hoy veremos todos desde nuestras casas por televisión esa España profunda que quiere volver al Blanco y Negro y que abomina de la internacionalización de España y del europeismo progresista.

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