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Cuando vengan a por nosotros
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Cuando vengan a por nosotros

martes 08 de enero de 2019, 10:40h

Hace varios días leía en twitter una reflexión sobre el ataque frontal por parte de la derecha española a las conquistas feministas tras las elecciones andaluzas. Por qué tanta urgencia, se preguntaba. Porque ellas están organizadas. ¿Cómo reaccionaremos en España cuando, emulando a Bolsonaro, vengan también a por nosotros y nosotras?

El presente y futuro de las organizaciones que luchan por los derechos de las personas LGTB requiere de una reorganización ideológica. Y sí, digo ideológica porque como bien nos han enseñado las mujeres, lo personal es también político. La historia de la comunidad LGTB en España, en adelante La Comunidad, es indudablemente una historia de éxito. Tras años de grandes conquistas de derechos llegó finalmente el matrimonio igualitario allá por el 2005 y desde entonces la hoja de ruta del activismo español parece adolecer de cierto aletargamiento. La embriaguez de los viejos tiempos y el continuo cuestionamiento de las identidades, nos ha impedido desarrollar plenamente el sujeto político de nuestra acción. La excesiva obcecación por todas y cada una de las siglas que componen nuestra comunidad ha centrado el debate, en detrimento de la construcción de un discurso universal e inclusivo que defienda el derecho a la libre afectividad, sexualidad y expresión de género. Una vez más las grandes olvidadas son ellas, que siguen encontrando en el feminismo el campo de batalla en el que organizar su lucha.

A pesar del melancólico escenario dibujado, apenas tenemos tiempo para lamernos las heridas; ahí fuera nos esperan gentes de muy diversa procedencia, diferentes generaciones y diversas realidades. Esas gentes somos nosotros y nosotras, La Comunidad, y precisamos con urgencia una nueva hoja de ruta. Una suerte de sororidad LGTB que reestablezca el sentimiento de pertenencia que tanto necesitamos; tejamos alianzas. Hace años que en Europa saben que nuestros derechos vuelven a cuestionarse (si es que alguna vez han dejado de ser cuestionados), y con la extrema derecha tocando el timbre conviene estar vigilantes. Quizá tampoco conviene abrir las puertas de nuestra causa a quienes una detrás de otra y conforme La Lupe nos enseñó: lo suyo era puro teatro, falsedad bien ensayada y estudiado simulacro.

Así que, recordando a nuestro estimado Harvey Milk, demostrémosle a esos miles de ciudadanos que andan ahí fuera que hay esperanza por un mañana mejor. Sin esperanza, no solo La Comunidad sino todas las personas que sufren odio y discriminación acaban por rendirse. Y como no solo de esperanza se vive, démosle también activismo.

Ojalá vengan a reclutarnos.

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