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La 'recentralización' de las derechas empieza por atacar al feminismo
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La "recentralización" de las derechas empieza por atacar al feminismo

viernes 04 de enero de 2019, 10:00h

En diciembre saltó la sorpresa en Andalucía. Las derechas tienen la posibilidad de gobernar en esta comunidad por primera vez en democracia. Si son capaces de llegar a un acuerdo, Partido Popular y Ciudadanos con el apoyo de la extrema derecha de Vox, gobernarán Andalucía los próximos cuatro años.

Se abre la puerta así a que por primera vez en la historia democrática de nuestro país, Andalucía sea gobernada por el PP. Eso, pese a no ser el partido más votado y haber bajado considerablemente sus resultados. Pero los números con Ciudadanos y Vox les darían la investidura. Por lo pronto, ya les han dado mayoría en la Mesa del Parlamento. Entra dentro de la normalidad democrática la alternancia de gobiernos, pero llama la atención que las negociaciones para formar ese gobierno las estén llevando casi más desde fuera de Andalucía que desde la propia comunidad autónoma.

Quizá este sea el primer paso de la recentralización que reclaman ciertos sectores reaccionarios de la derecha. Lo siguiente, si consiguen llegar, supondrá dirigir los cambios desde las sedes centrales de los partidos, diluyendo así las políticas de cercanía a los ciudadanos que son al final las políticas que permiten distinguir entre gestiones buenas o malas. Así, los temas que se imponen en la negociación no son regionales, sino de la agenda nacional. Los anuncian los líderes nacionales. La condición de Vox, expresada por Santiago Abascal, de retirar ayudas a las mujeres que sufren violencia de género, cuya ley consideran de "feministas podemitas radicales", al dictado de la ideología de género. Y parece ser que el Partido Popular, que expresan sus líderes nacionales como Teodoro García Egea, está por la labor de conceder ayudas a "hombres víctimas de violencia doméstica". Una concesión a las ideas machistas de la extrema derecha que conducirá a seguir sin creer a las mujeres que denuncian. No cabe duda tampoco de que el movimiento feminista seguirá en la calle peleando por conservar sus logros y avances para toda la sociedad.

Entendemos que Andalucía es una comunidad con un peso histórico y político casi inigualable en el territorio nacional y por tanto es difícil que los líderes nacionales quieran abstenerse de la negociación de su Gobierno. Pero en ocasiones esto conlleva incongruencias y dificultades en los discursos y las acciones. Por ejemplo, se supone que Ciudadanos nunca pactaría con la extrema derecha para obtener un logro político, pero en Andalucía ya lo ha hecho: Marta Bosquet, de Ciudadanos, presidirá el Parlamento apoyada por ellos. Tendrán que explicarlo en Europa ante sus socios de ALDE, que ya le dijeron que no se podía llegar a acuerdos con fuerzas populistas de la extrema derecha.

Por ahora, esa negociación dirigida por los responsables nacionales de los partidos se resume en que PP y Ciudadanos deben decidir si gobiernan con las imposiciones de Vox. Saben que sin ellos no hay gobierno, lo recuerdan cada vez que pueden. La primera, la reacción al despertar feminista social que nos trajo 2018. Después de esa vendrán más, no cabe duda, piensen en inmigración, por ejemplo. El Gobierno andaluz negociado más lejos de Andalucía será la punta de lanza, si ceden, de una política de recentralización, que en España equivale a regresiva.

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