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No me arrepiento ni de una coma, señor Gil Tamayo

No me arrepiento ni de una coma, señor Gil Tamayo

lunes 19 de noviembre de 2018, 14:42h

Ay de quien escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar (Mt 18, 6)”. La jerarquía eclesial es machista. No sólo no defiende la igualdad entre mujeres y hombres, sino que además procura que estemos en un segundo plano de servicio y sumisión. Sin iniciativa.

La jerarquía eclesial, es una estructura de poder rígida, formada por una maraña de hombres que sustentan su poder pervirtiendo un mensaje que, lejos de mostrar solidaridad, lo utilizan para reflejar y fomentar la brecha de desigualdad que justifica la beneficencia. De hecho, quienes se salen de esta forma de entenderla, son condenadas y condenados al ostracismo o a la culpabilidad eterna.

En España, esta jerarquía, potenció la dictadura y trabajó lo indecible para someter a la sociedad y eliminar libertades. De hecho, el dictador sigue bajo su palio. En España, esta jerarquía que permanece en forma y fondo, no soporta que las mujeres seamos libres y se permite insultarnos desde los púlpitos. Reig Plá, obispo de Alcalá, es un ejemplo permanente de ello sin que sea apartado de su cargo, ni condenado, ni amonestado tan siquiera.

La jerarquía eclesial, juega con los sentimientos, las emociones y las creencias humanas, fomenta la culpabilidad y no el perdón, fomenta el sentimiento de inferioridad y no la autoestima. Sobre todo, se aprovecha de la debilidad y del miedo al futuro, para seguir ocupando un lugar privilegiado en la sociedad actual.

Por eso me producen bochorno y asco las declaraciones de Gil Tamayo respecto a los casos de pederastia en el seno de las instituciones eclesiásticas en España, de los que no sabemos ni una mínima parte. Estoy segura que las víctimas sufren culpabilidad y vergüenza, con un dolor inmenso, con una impotencia extrema y con unos desajustes personales tan impresionantes, que ni se atreven a denunciarlo ni a relatarlo.

Gil Tamayo expresa, sin pudor ninguno: "Compartíamos esa cultura y ahora nos percatamos de que ha sido un silencio cómplice". "Ahora hay una condena justa de la sociedad, pero hemos convivido hasta hace no mucho tiempo con una dejación social con estas cuestiones igual que se ha convivido, desgraciadamente, con la violencia contra la mujer".

¿Qué está queriendo decir Gil Tamayo? ¿Quiere que me crea que una jerarquía eclesial que siempre ha estado al lado del poder más corrupto, no era consciente del alcance de “estas cuestiones”? ¿Quiere que me crea que cuando dan indicaciones desde sus púlpitos para que las mujeres maltratadas, insultadas por ser libres, ninguneadas en su libertad asumamos esta situación porque tenemos que estar supeditadas al hombre a causa de una costilla; no son conscientes de sus palabras?

¿Quiere que me crea que cuando ocultan los casos de pederastia, en los que los que han abusado de su poder, su “superioridad moral”, su “mensaje divino”, no son conscientes de la maldad de sus hechos? ¿Quiere que me crea que la sociedad es cómplice de sus barbaridades? ¿Quieren que me crea que se arrepienten?

Pues no sólo no me lo creo, sino que expreso mi condena más absoluta, mi repulsa más absoluta, mi desprecio más absoluto. Porque son cómplices de semejante barbaridad, impulsores, transmisores y mantenedores. Han sido ustedes los que han utilizado su estructura e instalaciones para esto. Los que han justificado y justifican el machismo. Los que nos declaran culpables por cuestionar su riqueza, su amoralidad, su manipulación, su ansia de seguir en un papel predominante en la sociedad.

No ha habido un silencio cómplice, señor Gil Tamayo, hubo miedo. No estar alineado con la iglesia católica, era motivo de cárcel y represión durante más de 40 años. Y esto no se borra fácilmente. Le pediría a su conferencia episcopal que no intenten seguir manipulando, que sean transparentes con la sociedad, que adopten la democracia como forma de funcionar y que contribuyan a crear una sociedad laica sacando a la religión de las escuelas. Y de paso, también a los pederastas. Le pediría que hagan lo que predican. Le pediría que sean ustedes los que denuncien. Una cosa es su estructura y otra, son las personas cuyas creencias quieren hacer de este mundo, un mundo mejor. Háganlo por ellas.

Con la verdad han topado, señor Gil Tamayo. Todo lo demás es cuento.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2949 | Jose Ángel Martin Larreta - 19/11/2018 @ 16:41:38 (GMT)
    He leido el articulo y me ha impresionado mucho, por su claridad, por su contundencia y por la verdad tan dura y terrible que expresa. Y da a la Iglesia Catolica un monton de sopapos que son MUY MERECIDOS. La Iglesia debe bajar los humos de su chuleria y ser autenticamente humilde. Pero esto, no creo que lo llegue a ser. Me quedo con un pais, este, que va aumentando su nivel de cultura, y separandose poco a poco de una religion que no ha hecho mas que agrandar el sufrimiento y la culpa de los mas humildes, a quien paradojas de la vida, decian que «querian salvar». Y no se salvarán ni ellos mismos, una jerarquía podrida.

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