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La limpieza de grafitis le cuesta más de un millón de euros al año a metro de Madrid
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La limpieza de grafitis le cuesta más de un millón de euros al año a metro de Madrid

viernes 16 de noviembre de 2018, 14:07h

Las pintadas han crecido un 25% en el último año, los gastos se han disparado un 20% y Renfe asegura que han afectado a mas de dos millones usuarios en el pasado curso. Los artistas urbanos se quieren separar de las prácticas vandálicas y violentas.

Durante esta semana, tres grafiteros han sido detenidos en el metro de Madrid en la estación de Nuñez de Balboa. Pero la situación más complicada la protagonizaron varios jóvenes que en la noche de Halloween accedieron a las instalaciones del metro para realizar pintadas. Era un grupo de más de 50 y cuando fueron sorprendidos por la policía, se enfrentaron a ellos. Un joven de 20 años fue detenido tras lanzar botes y rociar de pintura a los agentes.

El grafiti en Madrid lleva siendo un problema décadas, pero en las últimas semanas parece que el problema está siendo más sonado. Metro y Renfe siguen denunciando estas prácticas y aseguran que necesitan contar con más ayudas por parte de las instituciones. Además, reclaman más seguridad privada y concienciar de la importancia del problema.

Retrasos, cancelaciones y vagones llenos de pintura son algunas de las consecuencias que deja esta práctica. Cada vez son más jóvenes los que se unen a pintar metros y trenes, aseguran que la adrenalina que produce es mucho más fuerte que la de pintar en cualquier otro lado y que a pesar de las multas y castigos van a continuar haciéndolo.

Hay varias maneras por las cuales los grafiteros realizan este tipo de pintadas. Algunos acuden a donde “duermen” los trenes y aprovechan para pintarlos. En este caso el mayor problema que se pueden encontrar es que les vea el guarda jurado de dicha estación. Pero otra manera más conflictiva es la conocida como “palancazo”, consiste en parar un tren o un metro en marcha y con pasajeros en su interior, bajarse y realizar las pintadas. Esta produce muchos más enfrentamientos, ya que los viajeros tienen que esperar a que los grafiteros se vayan y el maquinista tiene que bajar a retenerles y llamar a la policía. Debido a esto se han producido numerosas peleas y agresiones tanto verbales como físicas.

Aún así, muchos de los graffiteros tradicionales y artistas urbanos se quieren desmarcar de estas prácticas. Aseguran que el grafiti nunca ha ido acompañado de violencia, lo definen como un “juego” de pilla-pilla en el cual, si llega la seguridad, hay que salir corriendo, nunca enfrentarse a ellos. Además, reconocen que recientes casos de agresiones de grafiteros a pasajeros del tren o maquinistas no tienen nada que ver con el concepto y los valores del grafiti.

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