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¿Qué queda de Mayo del 68 después de 50 años?
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¿Qué queda de Mayo del 68 después de 50 años?

martes 06 de noviembre de 2018, 13:00h
Este 2018 se cumplen 50 años de una de las mayores revoluciones sociales vividas en Francia. Mayo del 68 es el ejemplo persistente para las generaciones posteriores de cómo la juventud puede y debe proponer cambios en modelos caducos, por sagrados que parezcan. Pero sobre todo de cómo la juventud debe empoderarse, vencer la apatía.

Por eso, y documentándose con las filtraciones en los periódicos franceses L'Express y L'Humanité de los diarios de la Policía aquellos días, Francisco Castañón elabora este relato divulgativo que trata de ser una cronología de lo sucedido aquella primavera en Francia.

Para conmemorar esta efeméride, Juventudes Socialistas de Tetuán reunió a diversas personalidades de la filosofía, la cultura, la política y al autor del libro “Mayo del 68. Una utopía desde las barricadas”, Francisco Castañón. Su secretario general, Borja Frías, hizo de moderador de una mesa con la Secretaria de Cultura del PSOE-M, Juana Escabias, el profesor de filosofía Antonio Chazarra, el ex diputado socialista Carlos López y el propio Castañón ofrecieron sus visiones de aquella fecha tan señalada, reconstruyendo lo que significó desde cómo se vio desde España y cómo se ha visto desde entonces.

De Mayo del 68 muchos han renegado ya, por ejemplo el que fuera su principal líder Daniel Cohn-Bendit, ”Dani el rojo”. Porque Mayo del 68 no supuso el cambio de sociedad reivindicado en las plazas y en los muros con aquellos lemas, verdaderos “poemas políticos”. La derecha ganó en Francia y De Gaulle mantuvo el poder con una izquierda en mínimos. Los sindicatos lograron, es verdad, algo de dignidad para los trabajadores de las fábricas, pero cuando estos volvieron al trabajo la revolución pretendida acabó.

El éxito de Mayo del 68 fue que lo encabezasen los estudiantes, los jóvenes. Fue que ellos (no tanto ellas, aseguraba Juana Escabias) decidieran salir a la calle a interpelar al sistema, a empoderarse, a obligar a contar con ellos para hacer política. Que los trabajadores mostrasen que sin ellos Francia se paraba y que eran capaces de parar. Fue poner al sistema ante el espejo y mostrarle su caducidad. El antiimperialismo, el final del marxismo prosoviético y el afán de libertad de los estudiantes, esa es la verdadera aportación de este movimiento que en España “se admiraba, pero no se vivía”, aseguraba Carlos López. Lo que sonase a libertad en la dictadura franquista no era precisamente alentado por el régimen. Solo el recital de Raimon en la Facultad de Económicas de la Complutense cantando “Al vent” supuso cierta contaminación de los hechos franceses en nuestro país.

Lo cierto es que sin este movimiento del Mayo francés las cosas tal vez hubieran sido diferentes, peores, más oscuras. Ver a los estudiantes capaces de encabezar un movimiento social que sacó de sus centros de trabajo a 10 millones de franceses, paralizando el país, es una imagen de tal potencia que no ha hecho más que tratar de emularse en otros contextos geográficos y temporales. Por eso Francisco Castañón habla de utopía en el título de su libro, porque aquellos muros que gritaban ser realistas, también pedían lo imposible.

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