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Sangre de españoles a quienes mataron otros
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Sangre de españoles a quienes mataron otros

domingo 21 de octubre de 2018, 21:22h
No estuve presente. Tampoco lo vi por televisión. Ni en directo ni en diferido. Mucho menos me puse el pinganillo para escuchar la radio. Para mas “inri”, lo cierto es que nunca he asistido a este espectáculo anual.

Con estos antecedentes parece que no estoy en las mejores condiciones para participar en este apasionado debate, para algunos, en el que está en juego el concepto de España y de español. De patria y de patriota. Me interesa mas bien poco hasta el punto de que no he podido acabar el libro “Patria” escrito por Fernando Aramburu entre aclamaciones de unos y de otros. Cierto también que no he visto la película “Raza” ni “Los últimos de Filipinas” esos dos paradigmas de la idea nacionalista de lo que es este país al que llaman España unos y Estado español otros.

Estamos otra vez, -si es que se había ido-manejando el drama de las dos españas, así, con minúscula. Un drama al que de forma torticera unos y otros acaban convirtiendo en tragedia. Porque unos y otros, metidos en el barco del separatismo, coinciden en que unos no son españoles pese a votar la Constitución que rige nuestra convivencia y los otros tampoco porque les han expoliado y les han quitado su derecho a vivir en un territorio sin fronteras internas. Unas fronteras cuyos lindes están marcados con barricadas hechas por las fuerzas armadas. De ahí que unos y otros se esfuercen para ganar una carrera de halagos tan falsos que repelen a quienes desean una convivencia basada en la solidaridad y el respeto.

Resulta patético contemplar a los titulares de la cartera bélica iniciar su mandato con una visita a los lugares de conflicto internacional donde hay destacadas tropas españolas. No importa el partido ni la ideologia. Da vergüenza ajena escuchar de personalidades tan dispares como, Dolores de Cospedal o Margarita Robles el manido latiguillo del sacrificio de nuestros soldados en defensa de la paz que empieza nunca. Sea en Afganistán,Irak, Siria o cualquier otro país en guerra abierta y destructora de vidas, los soldados españoles siempre están en misiones humanitarias.

Fue Jose María Aznar el presidente que mintió con más descaro y énfasis para salir del rincón de la ignominia en que se refugio tras hacerse un selfie delante de la bandera bicolor mientras al fondo,confundida con las explosiones en Irak, la voz de Marujita Díaz entonaba el banderita tu eres roja, tu eres gualda, estribillo de aquella canción que iniciaba sus compases con un recuerdo a los soldaditos valientes que andaban allá por la tierra mora, allá por tierra africana...

No estuve no en ese desfile homenaje a nuestras humanitarias tropas el día que también se conmemora la conquista de América. No sé por tanto cuantas banderitas flameaban al viento en el paseo de la Castellana ni tampoco sé si la agitaban con actitud pacífica o bélica. Mas bien me inclino por lo segundo dada la agresividad con que recibieron a Pedro Sánchez, la misma con que también insultaron y abuchearon al también socialista y presidente del Gobierno del Estado español José Luis Rodríguez Zapatero. En manos de los nacionalistas,la bandera del Estado español, la roja y gualda, nunca ha sido símbolo de convivencia pacífica sino de violencia y opresión. Nunca ha arropado la unidad que proclaman sino el separatismo que tanto denostan otros. A la corza blanca de Rafael Alberti, sin colores, la mataron dentro del río, muy cerca del barranco del Lobo, donde todavía hoy, una fuente sigue manando sangre de algunos españoles a quienes mataron otros.

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