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Conectividad como base de la digitalización
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Conectividad como base de la digitalización

miércoles 17 de octubre de 2018, 14:06h

Visitando una explotación agropecuaria del Prepirineo navarro, me comentó un inquieto ganadero que tenía enormes dificultades para comercializar sus productos a través de Internet. Tenía todo en perfecto estado de revista, incluyendo un espacio perfectamente preparado para recibir pedidos de todo el mundo y, por supuesto, unos excelentes quesos de los que di buena cuenta. Lo que pudiera ser una anécdota, deja de serlo cuando, en lugar de admirar los impresionantes paisajes de este rincón de España, centras tu atención en el día en que vivimos y en el concepto que ‘igualdad de oportunidades’ debe regir en la administración de todo metro cuadrado habitado de nuestro país.

La pérdida de competitividad en nuestro tejido empresarial y laboral de los próximos años será directamente proporcional al grado de digitalización que la sociedad española sea capaz de asumir, o en positivo, el éxito económico español se adentra en un espacio cargado oportunidades en forma de transformación digital, abriendo ventanas, puertas y, por supuesto, fronteras, en un mundo global que, al mismo tiempo que te permitirá llegar a los confines del mundo, será imprescindible para las relaciones comerciales, culturales y sociales en el ámbito local.

Sin embargo, como bien sabe el productor de lácteos que mencionaba al comienzo de este artículo, de poco o nada sirve la inmersión digital si no va a acompañada de una infraestructura de conexiones con calidad. E igualmente, de poco o nada sirve una red amplia y moderna de conexiones de datos sin que sobre ellas circulen los frutos de la conciencia transformadora que debe figurar en empresas, autónomos, instituciones, gobierno y, como no, personas. De este modo, cabe concluir que conectividad y digitalización son los pilares del reto competitivo más relevante al que nos enfrentamos en los próximos años.

Como ya hizo Samuel Morse en 1844 enviando el primer telegrama, en febrero de este mismo año se realizó en España, en los prolegómenos del Mobile World Congress, la primera llamada 5G a nivel mundial, una circunstancia nada casual teniendo en cuenta la relevancia que global del congreso, a lo que se suma la apuesta, aunque tardía, del Gobierno de nuestro país por la quinta generación del móvil, como se pudo constatar con las medidas para su impulso que aprobó hace tan solo seis meses en lo que se denominó ‘Plan Nacional de 5G’. Así mismo, y hace pocas fechas, el ejecutivo presentó el ‘Plan 300x100’ para llevar fibra óptica a 300 Mbit/s al 100% de los núcleos de población de España, dotado con 525 millones de euros entre los años 2018 y 2021, y en línea con las exigencias de la Agenda Digital Europa 2020.

Por lo tanto, si como parece, la base de estrategia de digitalización está teóricamente solucionada con el impulso de los planes señalados en el párrafo anterior, deberíamos estar tranquilos ante el futuro de inclusión de nuestra sociedad en mundo digital, aunque la cuestión se antoja transversal, y de nada servirá si no pasamos a la acción. De esta forma, la asunción de los principios de digitalización y conectividad debe ser contraída, con exquisita sensibilidad, por todos y cada de los miembros del ejecutivo y sus equipos, para así trasladarlo a sus ámbitos de actuación, y así, del mismo modo, la concienciación digital como un bien básico, como hoy lo son otras infraestructuras como carreteras o suministro eléctrico, llegue al imaginario colectivo social.

Nos encontramos ante un apasionante reto que, visto el alto componente innovador que están implantando algunos sectores, debería suponer una oportunidad de enorme magnitud. Sin embargo, no nos podemos conformar con que, por ejemplo la banca española, se sitúe a la vanguardia de la digitalización mundial. La extensión de los principios de la transformación digital debe llegar a todas y cada una de las empresas, por pequeñas o grandes que sean, y a todos y cada uno de los núcleos poblaciones que componen España. Para ello, además de la más que necesaria concienciación en todos los ámbitos, debemos trabajar la más extensa capilaridad en la conectividad, construyendo un mundo de autopistas de datos que nos sitúe a todos en igualdad de oportunidades, con independencia de dónde vivamos o desarrollemos nuestra labor empresarial.

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