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30 de octubre de 2020, 0:05:18
Opinión


Nos quieren destrozar la vida

Por María Mir-Rocafort

Estoy frenética y lo confieso sin ningún reparo. Ayer, Pedro Sánchez respondió a una pregunta de un entrevistador con otra pregunta; “¿Quién nombra al Fiscal General del Estado?” El entrevistador respondió que el gobierno. Pedro Sánchez apostilló: “Ya está”. Y se armó. ¡Oh!


Todos los opinantes de periódicos, radio y televisión se aferraron a esas dos palabras para montarse artículos y programas poniendo el grito en las nubes y dándole vueltas y vueltas y vueltas para que el grito se oyera en todo el orbe. Y salieron los fiscales de todas las asociaciones de fiscales a poner los puntos sobre las íes para informar a toda la ciudadanía de lo que es la separación de poderes. Y a esa información se aferraron todos los opinantes de periódicos, televisión y radios para que el orbe entero se enterase de que todos los fiscales de España están indignadísimos por esas dos palabras de Pedro Sánchez.

Indignadísima estoy yo y millones como yo. ¿Saben los opinantes y los fiscales y los de su clase lo que es levantarse por la mañana con la nevera vacía y tener que enviar a los hijos al colegio con el estómago como la cocina pidiéndole a Dios o encomendándose a la esperanza con la esperanza de que algún maestro o compañero se apiade de sus hijos y les dé algo para desayunar? ¿Saben lo que es encender una luz por la mañana o por la noche o abrir un grifo, y que la luz no encienda o que el agua no salga porque las han cortado por falta de pago? ¿Saben lo que es si eso le pasa a un viejo que no puede desplazarse a las oficinas donde se tramitan las ayudas a eso que tan finamente llaman “pobreza energética”; que no saben lo que es meterse en el embrollo de la burocracia y hacer los trámites que hacen falta para que te hagan caso?.

¿Saben lo que es que un viejo cobre una pensión muy por debajo del salario mínimo y que se la gaste en un día en pagar lo que le han fiado durante el mes anterior, para volver a pedir, tragándose orgullo y vergüenza, que le vuelvan a fiar para pasar el mes? ¿Saben lo que es que el cuerpo a un viejo ya no le responda y que dependa, para moverse, de un familiar, si tiene suerte, o que tenga que pudrirse solo en su casa hasta que encuentren su cuerpo porque huele mal? ¿Saben lo que es aguantar insultos y palizas de un hombre porque el hecho de ser mujer hace que la mujer tenga una proporción de testosterona en sangre muy inferior a la del hombre, por lo que no puede defenderse; lo que es sufrir una violación y depender del juicio de unos jueces que no tienen ni idea de lo que es una violación? ¿Saben lo que es llegar en plena adolescencia a un país extraño sin conocer la lengua, sin familia, sin nadie a quien le importe la vida o la muerte del que ha emigrado?

Después de horas leyendo en artículos y oyendo en las emisoras de radio las opiniones de los opinantes sobre las horrísonas palabras de Pedro Sánchez, me llegaron por las ondas los gritos desgarradores de Teresa Rodríguez. “¡Les llaman menas para que olvidemos que son niños!” Y fue la única voz que me sonó humana.

¿Qué tiene todo eso que ver con la pregunta y las dos palabras de Pedro Sánchez? Nada, absolutamente nada. Todo eso tiene que ver con los millones de españoles que cada día se enfrentan a otro día con los bolsillos vacíos, con la dignidad muriéndoseles de inanición en el alma. ¿Pero a quién le importa esa gente? ¿A quién le importa lo que le pase a los desgraciados que viven con el agua al cuello? Esos desgraciados no tienen lugar en el mundo de los opinantes, de los fiscales, de los líderes políticos de derechas, de esos señores y señoras que tienen un nombre respetable avalado por sueldos respetables. Esos señores y señoras son buenas personas, pero no se les puede pedir que se preocupen por los que no son señores y señoras como ellos. No se les puede pedir que se amarguen la vida preocupándose por los que han tenido la mala suerte de no tener una suerte tan buena como la suya. Y como no se les puede pedir tamaño sacrificio, hay que montarse artículos y programas con escandaletes o escandalazos que les diviertan sin hacerles pensar demasiado.

Esta mañana, en una cadena de radio, dedicaron algo menos de dos minutos a enumerar algunas medidas de gobierno que los partidos políticos proponen. No quedaba tiempo para hablar de las soluciones que todos, menos los más pudientes, necesitamos. Casi todo el tiempo se había empleado en comentar el “resbalón” de Pedro Sánchez y en entrevistar a gente con nombres sonoros para que comentaran el resbalón de Pedro Sánchez. ¿Pero quién, demonios, le ha dicho a esos engreídos que opinan como si el entendimiento de los españoles necesitara de su tutelaje para formarnos una opinión; quién, demonios, les ha dicho que a los españoles nos importan más su lucimiento citando auctoritas, sus ocurrencias, sus chascarrillos, sus jijisjajás que los problemas que a algunos complica la vida, que a otros se la amarga, que a otros no les deja vivir?

Pedro Sánchez patinó y se estrelló, dicen, con dos palabras que solo importan a los que tienen la vida resuelta. Los presentadores, entrevistadores y opinantes que se han aferrado a esa anécdota para lucirse en los medios son unos irresponsables que no merecen perdón. Si analizara el asunto, diría que son política y sociológicamente imbéciles. Pero no, son algo peor, mucho peor.

De todo lo que Pedro Sánchez ha dicho desde que llegó a la presidencia y en las dos campañas que lleva, ¿lo único que parece interesante a esos personajes mediáticos son las palabras sobre el Ministerio Fiscal? ¿Cuánto tiempo han dedicado a hablar de las 370 medidas de gobierno del PSOE, del programa del partido que propone soluciones para los españoles que más las necesitan? ¿Porque esas soluciones solo importan a los más necesitados y puede que esos no tengan ni televisión ni radio ni ganas de escuchar las sabias opiniones de opinantes mediáticos? Pues más valdría que esos sabios expertos en muchas cosas hicieran un esfuerzo por enterarse que, a pesar de sus títulos y su fama, en estos momentos corren tanto peligro como el más desgraciado de los españoles.

¿Se han leído esos famosos y expertos el programa del partido del macho de pelo en pecho que, según los creadores de opinión, ganó el debate porque fue el que soltó todo su programa con energía y claridad? ¿Lo escucharon bien? Con energía y claridad, ese individuo soltó todas las mentiras que llevaba preparadas para engañar a cazurros, y expuso su ideología antidemocrática, anticonstitucional, antihumana. Todos los famosos y expertos han criticado a los candidatos que participaron en el debate por no haberle rebatido a ese individuo las barbaridades que dijo. No se dieron cuenta, por falta de costumbre, de que Pedro Sánchez estaba utilizando su tiempo para exponer las medidas que su gobierno había tomado para solucionar problemas y las que tomaría en caso de volver a ganar las elecciones; es decir, para exponer lo que verdaderamente importa a los ciudadanos con problemas. De todo lo que dijo Sánchez, los genios mediáticos de la opinión política solo escucharon la palabra: Puigdemont . ¿Falta de responsabilidad de Pedro Sánchez? Falta de responsabilidad de los estúpidos que aún siguen repitiendo con altavoces el discurso infrahumano del ultra y el gran número de diputados que ese discurso le hará ganar, a ver si con esa propaganda ese individuo consigue unos cuantos más.

Repito de mi artículo anterior que, visto lo visto y oído lo oído, no puedo evitar la sospecha de que tanta hostilidad contra Pedro Sánchez y el PSOE no puede ser tan de imbéciles como parece. Lo que es imbécil es que haya tanto nombre influyente haciéndole la campaña a las tres derechas, entre las que necesariamente habría que contar a los del macho de pelo en pecho. Si las tres derechas acceden al poder, el problema no solo lo tendrán los pobres, las mujeres, los inmigrantes. Es probable que muchos que no se lo esperan pierdan el trabajo para dejar el sitio a los amigos de los mandamases del régimen por venir. Porque si ese régimen vuelve a España, es más que probable que nos destrocen la vida a todos. No solo a los pobres y a los inmigrantes. Nos destrozarán la vida a todos los que estamos acostumbrados a vivir en libertad y con la esperanza de que el estado nos ayude a buscarnos la vida dignamente.

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