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22 de noviembre de 2019, 12:26:37
Opinión


Charlatanes de Feria

Por María Mir-Rocafort

España, la diferente, la originalísima, acoge una feria vintage inspirada en los años 30, una feria de charlatanes de feria. ¿Qué tiene de original proporcionar un espacio para que los charlatanes de feria se luzcan? El mundo de hoy está lleno de charlatanes de feria. La diferencia es que los charlatanes de feria españoles no venden crecepelo, venden veneno; veneno para matar la racionalidad, la conciencia moral, la empatía, las cualidades, en fin, que nos han permitido evolucionar desde el salvaje cavernícola al ser humano civilizado.


Una vuelta por las paraditas pone los pelos de punta a cualquier individuo del género racional que escuche a los feriantes.

Una ferianta dice que los manifestantes que han salido de las cuatro provincias catalanas para reunirse en Barcelona, en un ambiente de romería, más festivo que político, para protestar por una sentencia del Tribunal Supremo, son golpistas. ¿Golpe contra qué estado? Será contra Cataluña, porque en el resto de España no han impedido la circulación por carreteras ni han alterado el tráfico aéreo ni han cerrado fábricas ni otro tipo de empresas. Cierto que por las noches han aparecido grupos de radicales violentos. ¿Son esos los golpistas? Otra vez, ¿contra qué estado? Han alterado las calles de Cataluña, han quemado coches de catalanes, se han enfrentado a la policía catalana, han quemado y han destrozado material urbano catalán, público y privado. ¿Alguien ha alterado la paz, la vida normal en el resto de España?

Otro feriante repite como un disco rayado que se aplique en Cataluña el artículo 155 de la Constitución para suspender su autonomía. Se considera enemigo acérrimo del presidente catalán. Pero el presidente catalán dice que él no es persona para presidir autonomía. Entonces, ¿lo que quiere el feriante es complacer a su acérrimo enemigo? No exactamente. Cada vez que el feriante suelta su amenaza, a los que le escuchan se les revuelven las tripas. Y en lo que el feriante cifra su éxito, precisamente, en las tripas revueltas para vender su producto, único remedio en el mundo para calmar la revolución de las tripas.

En otro lado, otro feriante dice que la policía contemporiza con los neofascistas. En otro, otro dice que los Mossos d’Esquadra contemporizan con los independentistas, La policía y los mossos están trabajando juntos. Entonces, si todos contemporizan con todos ¿por qué hay heridos en todos los bandos y en todas las fuerzas de seguridad? Tal vez lo que venden los dos feriantes es que las fuerzas de seguridad no sirven para nada y que para defender al estado hace falta el ejército. ¿Qué estado? El estado español, por supuesto. Cataluña no tiene ejército. Pero como dicen los independentistas que volverán a hacer un referéndum de autodeterminación de los suyos, que volverán a ganar y que volverán a proclamar la República de Cataluña, a lo mejor es que también confían en que vendrán los ejércitos de Europa a librarles del estado opresor español. ¿Qué va a ser de los políticos y de los financieros guerreros, qué va a ser del mundo si se acaban las guerras?

Un poco más allá, un feriante indignado pide la dimisión del Ministro del Interior porque se cenó una hamburguesa. Es tan osado vender tal disparate que uno podría predecir que este será el ganador de la feria. Pero otro feriante le da vueltas infinitas diciendo que “el origen del desorden en Cataluña está en el día en que se legaliza el aborto”.

El individuo del género racional llega a una tarima donde otros feriantes defienden y prometen la independencia de Cataluña. Se va a volver a votar el referéndum, se va a volver a proclamar la República de Cataluña, se pide a todos los presentes que defiendan la declaración de independencia. ¿Otra romería? ¿Otra huelga general? ¿Otras carreteras bloqueadas y vuelos cancelados y contenedores quemados y mobiliario, privado y público, destrozado? ¿Más niños, más jóvenes sin ayuda, más viejos sin asistencia? O sea, seguir haciéndole la puñeta a los catalanes y retrasando la solución a sus problemas sine die.

Al llegar aquí, el individuo del género racional decide salir del recinto de la feria antes de que el estrés le acabe arrancando los pelos que tiene de punta, y darse una vuelta por el campo para que los cantos de los pájaros le relajen. Pero si, además de ser racional, resulta que el pobre individuo padece de alta sensibilidad, no hay canto de pájaro que le despeje las nubes negras que oscurecen su mente. ¿Qué quieren todos esos feriantes?, se pregunta mientras piensa en la gente que sufre, en las personas que ya no encuentran en parte alguna solución a la pobreza que no les deja vivir con la dignidad que debería considerarse, reconocerse como inherente a toda persona. ¿En qué quieren convertir el mundo los que quieren inocular a todo el mundo el veneno del egocentrismo, del egoísmo salvaje que a todos despoje de su humanidad?

El individuo del género racional que es, además, una persona de alta sensibilidad y que además quiere vivir aferrado a la esperanza, repasa en su memoria los nombres de los feriantes envenenadores y la trayectoria y los discursos de personas dispuestas a trabajar por los demás en vez de ir de tarima en tarima intentando engañar al prójimo. ¿Existen tales personas? El individuo del género racional llega a la conclusión de que no hay motivo alguno para dudar de lo que ofrecen los socialistas y, además de decidir su voto, decide no volver a escuchar a los feriantes que intentan envenenarle.

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