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22 de noviembre de 2019, 17:32:34
Opinión


Como vacas y ovejas mientras nos bloquean a España

Por María Mir-Rocafort

Con los ojos pasmados como los ojos de las vacas, de las ovejas, el espectador contempla ensimismado la imagen desaliñada de Pablo Iglesias plantado ante una platea de periodistas, hablando con la soltura de una estrella del rock. ¡Qué bien habla ese chico! ¿Qué dice? Que hay que acabar con todo lo malo y gobernar para que venga todo lo bueno...


¿Hay alguien que no sepa que Arrimadas y los suyos y las suyas fueron atacados y atacadas por una horda de invertidos furiosos que pretendían impedir a los regeneradores, liberales, democráticos chicos y chicas de Ciudadanos manifestarse en defensa de los derechos de quienes viven una sexualidad alternativa? Solo puede ignorarlo quien viva lejos del mundanal ruido sin atisbar siquiera un periódico de papel ni conectarse a aparato alguno. Hace casi una semana del terrible suceso y no ha habido medio de comunicación que haya dejado de informar, comentar, repetir lo informado y lo comentado sobre el hecho histórico que el sábado revolucionó a todos los medios del país incluyendo a las redes. Al día de hoy, sigue siendo noticia la hecatombe.

La estrategia que llevó a Ciudadanos a introducirse en la manifestación del Orgullo tras vistosa pancarta y alegres globos pidiendo a gritos mudos cámaras, alcachofas y atacantes fue un éxito rotundo. Ningún político en este país ha hecho tanto por la homofobia en tan pocos minutos. La ganancia en votos podría ser también espectacular. Homófobos de Vox con ganas de salir de la marginalidad y homófobos del PP sin agallas para votar a Vox podrían hacer cola para votar al partido que ha liberado a todos los derechones del sambenito de fascistas para ponérselo a los homosexuales. ¡Quién se lo hubiera dicho a Franco, a Hitler! Si Rivera hubiese estado en aquellos regímenes con mando en plaza no hubiera hecho falta cargarse a los invertidos en cárceles ni en campos de concentración. Rivera los habría exterminado a todos con un golpe de propaganda demostrando una genialidad superior a la de Goebbels.

Aunque, seamos justos, ni Rivera ni Arrimadas hubiesen logrado su deslumbrante victoria sin la ayuda inestimable de la prensa escrita, radiofónica y televisada. En este país, como en todo país civilizado, manda la prensa, programadora de cerebros y conciencias. ¿Alguien no se ha enterado de que la Pantoja se fue o está a punto de irse de Supervivientes? ¿Alguien duda de que la Esteban saldría elegida diputada si se presentara a unas elecciones? Contar en el currículo con un libro a la cabeza de los más vendidos es mucho más serio que un máster dudoso.

Glorioso país en el que un número considerabilísimo de políticos y periodistas viven entregados a captar y conservar audiencias. Como dice el poema más famoso de W. H. Davies Qué sería la vida si, llena de cuidados, no tuviésemos tiempo de parar y mirar...como las ovejas, como las vacas. Seguramente, Davies pensó aquello en un sentido más profundo, pero tal vez porque en sus tiempos no había pantallas.

Con los ojos pasmados como los ojos de las vacas, de las ovejas, el espectador contempla ensimismado la imagen desaliñada de Pablo Iglesias plantado ante una platea de periodistas, hablando con la soltura de una estrella del rock. ¡Qué bien habla ese chico! ¿Qué dice? Que hay que acabar con todo lo malo y gobernar para que venga todo lo bueno. Es como un John Lennon cantando Imagine. Y encima es humilde. Dice que Sánchez es soberbio, y Pablo lo debe saber porque le conoce, y Sánchez no se defiende, y el que calla, otorga. Sánchez casi no sale. Pablo sale en todas partes, y por algo será. Para hacer a Sánchez presidente, Pablo pide vicepresidencia y ministerios, pero los pide con humildad. Quiere ministros de su Podemos para controlar a los ministros de Sánchez y así evitar que el gobierno se desvíe del camino humildemente trazado por él, por ella, por ellos o por ellas –perdón, es que me pierdo.

Cualquiera que oiga hablar a Pablo Iglesias y reflexione con profundidad filosófica sobre lo que dice podría condensar el gran dilema que hoy desgarra a la política española en una pregunta fácil de responder. ¿Hay algún empresario en su sano juicio que meta en el consejo de administración de su empresa a consejeros de una empresa competidora para que controle a los suyos? Si los seres pensantes de este país se lo preguntaran, le gritarían a Pedro Sánchez al unísono “Ni se te ocurra”. Lo gritarían hasta los periodistas. Pero los periodistas no pueden gritar, a menos que les paguen para que griten como en ciertos espectáculos de tertulias. Los periodistas y analistas varios que participan en las tertulias serias tienen que mostrar equidistancia como signo de su probidad. Tienen que huir de afirmaciones rotundas que puedan situarles de un lado u otro y eso lo consiguen, como saben todos por su docta experiencia, concluyendo toda proposición con un sí, pero o un no, pero. Parece que a Pablo Iglesias le preocupan más los cargos que el programa político, pero Sánchez está eludiendo su responsabilidad porque es él quien tiene que desbloquear la situación. ¿Cómo? Parece que Sánchez está cediendo, pero por la mañana dice una cosa y por la noche dice otra. Dice Sánchez que hay que tener mucho cuidado porque con lo de la sentencia del procés podría ser necesaria otra aplicación del 155 si la situación en Cataluña se desmadra, pero cuando Rajoy aplicó el 155 Sánchez le impuso unas limitaciones que luego se demostraron nefastas. De todos modos, Pablo Iglesias está demostrando su voluntad de negociar ofreciéndose a firmar un documento en el que se compromete a no interferir en asuntos de estado como la aplicación del 155. Vale, ¿pero qué? No, aquí no sigue un pero porque tampoco se puede confundir a la gente evitando que puedan llegar a una conclusión.

Un mensaje destaca con claridad en medio del barullo de gatos en celo en el que la mayoría de los líderes políticos ha convertido a la política nacional: ir a nuevas elecciones sería una catástrofe. Los ciudadanos están cansados, agotados, dicen los periodistas, politólogos y analistas varios. Pedro Sánchez tiene la responsabilidad de conseguir la investidura como sea. ¿Cómo sea? ¿Ofreciendo a los independentistas catalanes entrar en su gobierno, por ejemplo? ¡Por Dios, no! ¡A quién se le ocurre! Entonces, ¿dejando entrar en su gobierno a un líder mediático que al ver una cámara y un micrófono se olvida en el acto de lo que significa la palabra discreción? ¿Dándole ministerios a ese líder que en sucesivas apariciones radiofónicas y televisivas ha ofrecido pruebas contundentes de que todo lo que tenga que ver con el programa político para gobernar el país le parece secundario porque lo primario es conseguir meterse en un gobierno para evitar que a los suyos se les ocurra echarle de la cúspide de su partido? ¿Dándole vicepresidencia y ministerios a quien deduce que cuatro millones de votos significan que los españoles le quieren en el gobierno y que no meterle en el gobierno es faltarle el respeto a cuatro millones de españoles?

Los artículos de la Constitución que tienen que ver con elecciones e investidura han permitido que tres partidos que perdieron las elecciones en Madrid, por ejemplo, falten el respeto a la mayoría que votó por los gobiernos progresistas de Ángel Gabilondo y Manuela Carmena. En el ayuntamiento de Madrid ya empieza a notarse el desbarajuste, como hace tiempo que se está notando en Andalucía. ¿No hay una mayoría más numerosa de ciudadanos decentes dispuestos a luchar por su país, por su casa, por su familia, por ellos mismos saliendo otro domingo a la calle para ir a votar sin morirse de extenuación? ¿Tan agotador resulta ir a un colegio electoral, hacer una cola y meter un voto en la urna sabiendo que ese voto puede evitar que el país se convierta en una olla de grillos en la que cada cual tenga que ir gritando sus desventuras por dentro porque no habrá político que se detenga a escucharle y ofrecerle una solución? ¿Verdaderamente hay que resignarse a vivir en un país de tontos y locos dispuestos a renunciar a su libertad, a su bienestar como han hecho quienes hoy viven en sociedades cada vez más cubiertas por una marea negra de egoísmo insano, de frustración, de odio? ¿Realmente tenemos que aceptar que los grandes medios nos conviertan en vacas de ojos dilatados fijos en lo que nos echen en las pantallas para desconectar nuestra mente, nuestra facultad racional; que nos conviertan en animales domésticos, entrenados para trabajar enriqueciendo a los amos?

Hoy participó en un programa de radio un oyente, de esos que dan su opinión llenando medio minuto de programa sin recibir a cambio más que las gracias cuando llega el momento de cortarles. Dijo el oyente que en su casa hay cuatro que votan y que si hay que ir a nuevas elecciones, ninguno de los cuatro va a votar porque están hartos. ¿Y si resulta que van a votar tan contentos los que quieren acabar con una sociedad de seres humanos que se respetan a sí mismos y a los demás y que ese respeto les lleva a defender su libertad y sus derechos; la libertad y los derechos de todos? ¿Cómo van a explicar el resultado a sus hijos y a los hijos de sus hijos? ¿Cómo van a explicarles que prefirieron quedarse rumiando frente a una pantalla como vacas y ovejas mientras otros se ocupaban de degenerar a la sociedad de su país? Las vacas, las ovejas solo miran, no explican.

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