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24 de mayo de 2019, 11:17:54
Opinión


Nos lo jugamos todo el día 28A

Por Lídia Guinart


Queda poco para el momento de la verdad. En las elecciones de este domingo, 28 de abril, nos lo jugamos todo. El voto depositado en las urnas decidirá qué futuro queremos, por qué modelo de país apostamos. No es cuestión de lanzar monedas al aire.

El 28A nos jugamos que nuestros hijos e hijas puedan acceder a la universidad con una beca aunque no les podamos pagar la matrícula. El ascensor social que fue la educación con los socialistas en el Gobierno quedó frenado en los años de Rajoy. Nos jugamos que el talento que ha tenido que emigrar al extranjero en busca de un trabajo digno pueda volver a España. Nos jugamos que nuestros jóvenes puedan emanciparse, que no continúen explotándoles laboralmente y tengan acceso a una vivienda.

El domingo están en juego los derechos de las mujeres y nuestra seguridad. Que no nos sigan matando y nadie haga nada para impedirlo. Que el machismo no campe a sus anchas y encima los poderes públicos lo aplaudan. Nos jugamos la igualdad laboral y salarial y los permisos iguales para padres y madres.

Nos va de un voto que las pensiones continúen revalorizándose con el IPC y que suban por encima las más bajas, o que se terminen los copagos farmacéuticos y se incremente hasta un 60% el presupuesto para Dependencia. Puede depender de un voto que quienes están sufriendo y quieren morir con dignidad puedan hacerlo si así lo quieren. Y que las personas que los han ayudado en sus últimos momentos no vayan a la cárcel porque una ley lo regula y los ampara.

En manos de las personas indecisas puede estar una nueva subida del Salario Mínimo Interprofesional y la aprobación de un nuevo Estatuto de los Trabajadores que dignifique el trabajo y derogue la nefasta reforma laboral del PP. De esas personas que aún no saben si van a ir a votar, o a quién darán su voto, puede depender que acabemos, gracias al Ingreso Mínimo Vital, con ese 30% de pobreza infantil que nos avergüenza y nos indigna.

Por eso, este domingo más que nunca, no nos podemos permitir el lujo de dudar. Ni tampoco lanzar una moneda al aire y votar por cualquier opción que no sólo no nos garantiza nada de eso sino que ni tan siquiera tiene una posición conocida sobre temas tan importantes como el derecho a la interrupción del embarazo, o sobre la cuestión catalana.

Eso es lo que ocurre con algunas formaciones cuyas papeletas encontraremos en el colegio electoral el domingo. Formaciones que seguramente nos resultan simpáticas y hasta atractivas porque no se presentan como partidos políticos al uso. Pero que no nos van a arreglar nuestros problemas reales.

Una de ellas suele captar la atención de jóvenes dubitativos entre la abstención y ese partido animalista cuya consigna principal -y única- es la defensa de los animales. El partido socialista también los defiende, de hecho habla de ellos en su programa y propone una norma legal de ámbito estatal que proteja el bienestar y los derechos de los animales. Pero también protege los derechos de las mujeres, cosa que ese partido, PACMA, dista mucho de hacer. Uno de sus candidatos asegura en una entrevista que "el aborto es un debate pendiente dentro del partido, defendemos los derechos de todos los seres sintientes, a partir de un determinado momento de gestación el feto ya sufre. Ahí está el conflicto", acaba confesando. Votar a estas formaciones sin saber realmente qué proponen respecto a temas cruciales resulta muy arriesgado. Más aún cuando nos jugamos tanto.

Despistar el voto confiándolo a partidos residuales, de muchos de los cuales únicamente oímos hablar cuando se convocan elecciones, es tan legítimo como peligroso. Nos va de un voto, nos va de tu voto parar a las derechas siamesas y seguir avanzando con Pedro Sánchez. Tú decides.

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