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18 de agosto de 2019, 21:34:04
Opinión


Diario de un votante: lo que el debate nos deja

Por Álvaro Frutos Rosado

Para un elector en la soledad de su voto y ante una mirada desasosegada hacia la papeleta que introducir el domingo no está claro, a mi humilde entender, que el debate le haya sacado de sus dudas. El debate, seamos honestos, no decide votos y si tuviera que decidir algún voto sería la abstención. No por culpa de los candidatos, ni mucho menos, es por un conjunto de apriorismos que acaban tomando la consideración de verdad por el simple hecho de ser repetido muchas veces.


No aclara muchas cosas estar viendo a cuatro tipos de pie, mirándose de reojillo, durante minutos y minutos y que a una pregunta, sea la que sea, terminan contestando lo que pone en la escaleta preparada por su asesores. Grandes expertos y gurús en los debates, que dicho sea de paso nunca participaron en ninguno; que desconocen lo que se siente al estar en posición pasmarote atrilico con un montón de focos que te hacen sudar lo que no está en los escritos; que no es a ellos a los que la maldita gota recorre la espina dorsal hasta introducirse en la rajilla entre glúteo y glúteo sin saber qué hacer los pobres candidatos. ¿Qué hago, me toco con la mano o espero la siguiente? Asesores que te recomiendan interrumpir al contrario, meter un frase aunque no venga al caso, enseñar un gráfico que no dice absolutamente nada que da lo mismo que la columna marque el número de parados o las tarjetas amarillas que le han sacado a Sergio Ramos por dar codazos…¡Expertos en debates!

Además, los que estamos al otro lado de la televisión, ni nos enteramos lo que están diciendo, ni sea lo que sea, nos lo creemos. Si es verdad que los asesores tienen una experiencia inestimable para rodear al candidato en los previos, en los cortes publicitarios y con besos y abrazos al final. Ello permite colocarse el calzoncillo sin que se note nada…y además, aunque lo estés haciendo como el culo, te digan: vas muy bien, te sales, llámale mentiroso unas cuantas veces más… o cosas parecidas.

Debates como los que hemos visto tienen un valor pedagógico esencial, comprobamos que ellos son humanos, son como nosotros. No porque suden, que también, la humanidad viene dada por las actitudes sobre el plato. Aguantando no soltarle un mandoble al que te llama mentiroso o al que miente sobre ti, es como una suegra o suegro que te recrimina, en modo plasta hiriente, y no le zurras. Ni tampoco te vas, que sería otra opción, como los no candidatos no se van de casa de los cuñados. Los candidatos son humanos.

Los debates no podrían servir en ningún caso para elegir un candidato. ¿Nos aportan algo que no somos capaces de ver en el Parlamento? El “debate” es básicamente el espectáculo de todo el proceso electoral, posibilita que tertulianos y “especialistas” ocupen horas y horas en los medios sacando punta a cuestiones insospechadas (mentiras, tonos, gestos, vestimentas…) que como elector nada aporta, es irrelevante. Se hace una pregunta absurda sobre quien ganó el debate. Depende, esto es como ganar el derbi y perder la liga. El domingo veremos quien ganó.

Un candidato debería realmente elegirse por sus capacidades para seleccionar y dirigir equipos, negociar cuestiones difíciles, eficiencia en los gastos públicos, capacidad de gestión de los problemas y muy importante su capacidad de saber adelantarse a los problemas de la sociedad intuyendo hacia dónde va y proponiendo hacia donde debe ir y eso ¡muy bien explicadito! Evidentemente eso sería pasar de la democracia de las habilidades circenses a la democracia de las capacidades de proyecto y gestión. Candidatos habilosos o capaces, esa es la cuestión.

En todo caso, nos hemos quedado sin saber cosas importantes y transcendentales como: ¿se va producir la transición a un nuevo modelo productivo, basado en el desarrollo tecnológico, que genere empleo suficiente para una población que vive con incertidumbre sus posibilidades de empleabilidad? ¿Qué vamos hacer ante el crecimiento del fenómeno migratorio, combinado con el envejecimiento de la población y la desertización del territorio? o ¿cómo vamos a frenar, en esta generación, el acelerado deterioro ambiental?

Seguramente, esas y otras cuestiones, son sólo importantes para mí.

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