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18 de agosto de 2019, 21:35:44
Opinión


No son indecisos, es voto oculto

Por Concha Minguela

A seis días de la final, el principal enemigo de Pedro Sánchez y el Psoe, pueden ser las "confiadas encuestas". Ni las televisiones ni los debates. Eso se ha quedado muy anticuado. Aunque sirven como pasto y devaneo de politólogos demoscópicos que no quieren perder protagonismo y tienen que amortizar su trayectoria profesional, mientras se adaptan a los tiempos nuevos donde la incertidumbre es quien reina. Adaptarse a la incertidumbre es ganar.


En Estados Unidos en 2016, todas las encuestas daban ganadora a Hillary, pero sólo por un puñado de votos la victoria fue para el horrendo Trump (poco mas de setenta mil votos). Aquí, muy recientemente, en diciembre del 2018, también las encuestas fallaron estrepitosamente en Andalucía. Todo aseguraba el mandato a la socialista Susana Díaz, salió Vox y le dio el gobierno al mas perdedor de todos, Moreno Bonilla, del PP. El fenómeno es que ha irrumpido el voto de la extrema derecha en España. Sin avisar a a nadie se ha instalado en las redes sociales y avanza hacia las instituciones. De modo que el día 28 de abril, descubriremos que esa cifra indecente de indecisos no era tal. Lo que hay a día de hoy es voto oculto. Un voto que transita entre quedarse en casa o irse a la extrema derecha. Y saldrá.

Hay un ansia insoportable por parte de Rivera y de Casado por gobernar en España a cualquier precio. Ya lo están haciendo en Andalucía, aunque ello les cueste renunciar a las esencias democráticas de sus partidos. Se llama “pan para hoy y hambre para mañana”. O mejor dicho, “el signo de los tiempos que vivimos marcado por el cambio constante y por tanto, la incertidumbre”. Si hasta un cómico sin experiencia alguna en política, Volodymyr Zelenski, ha ganado las elecciones en Ucrania. Es como si aquí, se presenta Belén Esteban y gana. ¿Hay alguien que crea hoy día en las encuestas a pies juntillas después de haberse equivocado de extremo a extremo tantas veces?. Dicen que hay un 41% de indecisos. Siendo mal pensada, es un buen intento para crear una red que recoja el estropicio, o para echar balones fuera. Me atrevería a decir que ni yo, ni los auténticos entendidos, le otorgan ya tanta credibilidad a las encuestas como en tiempos pasados. Entre otras cosas, porque siguen el patrón de cuando vivíamos en el bipartidismo. La actual fragmentación de la oferta de partidos ha roto las reglas del juego y a mi juicio, nos quedan aún unos años para inventar unas nuevas. A tenor de la polarización, confrontación y crispación de la campaña, está más que claro que cada cual tiene ya depositado su voto en su particular urna mental. Los indecisos no son mas que la misma cifra de habituales de siempre, el resto es voto oculto que transitará por el trayecto de las tres derechas. La noche del 28A nos puede traer una sorpresa horrible, por el lado del auge de la extrema derecha, y la tendremos. Por eso, Sánchez insiste tanto en que cada voto socialista es crucial en estas elecciones.

En cuanto a tanto temblor que aprecio entre votantes progresistas por lo que pueda pasar la noche del lunes,22, en el debate de Rtve. Tranquilos. Van a ir a degüello dos contra uno todo el tiempo, con fakes, mentiras y barbaridades insostenibles, o quizá en ocasiones, hasta tres contra uno, eso también. Pero es lo que llevan haciendo durante los tres últimos años, incluso hasta los de su propio partido se conjugaron contra él, contra Pedro Sánchez, el resistente. Y tambien se sumaron los grandes medios de comunicación y todas las televisiones. Y ahí está, recorriendo España movilizando a los votantes de izquierdas casi al nivel del año 82 con Felipe González. Por tanto, tiene tablas y posición más que suficientes para aguantar el chaparrón y salir fortalecido. Su número dos, Jose Luis áAbalos, el hombre tranquilo del Psoe, se ha mostrado muy positivo mientras ajustaba, con sus colegas, Echenique, Páramo y Maroto, las reglas del juego de los cien minutos del debate televisado esta noche en la pública. Tanto ruido mediático en torno a los debates sólo se explica porque es el último cartucho, el clavo ardiendo, al que intentan sujetarse in extremis tanto Casado como Rivera, para evitar el tortazo que si, o si, aquí me la juego, se van a dar en estas elecciones 2019.

Las encuestas son como el juego de los Reyes Magos, todo el mundo sabe que son los papás pero se hacen los locos por si acaso. La mano que todo lo mece tiene dinero más que suficiente para manipular a los españoles y jugar al despiste. Para poner la corona de la victoria previa, en el sitio adecuado con el fin de que la jugada del último día, el 28 de abril, ¡salga con sorpresa!. Y esa sorpresa vendrá de la mano del “voto oculto”. Y el voto oculto, valga la redundancia, lleva a las urnas a mucho gañán que solo cree en la brocha gorda, en el palo y tente tieso, la mano dura, las mujeres a su casa, los extranjeros a su país, y “los pobres que se jodan” (como tan gráficamente señaló en el Congreso la insigne Andrea Fabra, hija del corrupto Carlos Fabra, el de la Diputación de Castellón que se construyó un aeropuerto para él solito). Insisto en que nos conviene ya contar de antemano con este movimiento de tierras. De la extrema derecha que pulula en redes pero no da la cara en los grandes medios ni en las televisiones.

Con las barbaridades que hemos tenido que escuchar, con el raca, raca del independentismo, de las manos manchadas de sangre, la traición a España y a las víctimas de ETA. O que Sánchez se sienta con asesinos, violadores y pederastas… Yo creo que el pescado está todo vendido. Nadie ya engaña a nadie. La campaña ha sido demasiado forzada, crispada, polarizada, como para dejar a indecisos por el camino.

Si, cierto es que los hay que aún sueñan con los milagros, que se agarran a los dos debates televisados, este lunes 22 y martes 23, entre Sánchez y los demás. Su última oportunidad. Cierto es que la derecha Cs y PP, con el voto oculto de Vox, pretenden montarle una emboscada y robar el maillot amarillo al casi seguro vencedor del Tour, pero no creo que, salvo un caída calamitosa, metida de pata de libro o hecatombe, los debates en RTVE y en Atresmedia, definan la balanza al lado progresista o al lado conservador/extrema derecha. Lo único que lo puede decantar es, insisto, el voto oculto ultra. Abascal, a tenor de los audios intervenidos que circulan por ahí, ha desarrollado un gran emporio tecnológico de difusión pagado con grandes sumas que recibe de la Fundación Franco y grandes empresarios aliados a ellos.

Otra cosa es el ambiente tras el debate. Cada parroquia alabará a su santo, y todos habrán ganado. Me atrevo a aventurar que el debate de esta noche de lunes, en Rtve, será más equidistante y propositivo, ya que Xavier Fortes es buen profesional, respetuoso y sosegado. Otra cosa distinta será el de Atresmedia, del martes, ya que Ana Pastor, aunque no Vicente Vallés, tiende a imitar a Tim Sebastian, el incisivo británico de Zona de Conflicto, que atosigó y obligó a que Borrell se levantara de la silla y le afeara que todas sus preguntas estaban asentadas en premisas falsas y así no se podía seguir. Atresmedia es la tele del reality show periodístico y no va a renunciar al hueso de hacer espectáculo del debate, y tratar de tirar por tierra a su enemigo “number one”, Pedro Sánchez. Así que, los seguidores y votantes del presidente, prepárense los higadillos, que van a tener la bilis revuelta durante 100 largos minutos. Pero da igual, la audiencia de la Sexta, también ya tiene su pescado comprado. No va a ser nada decisorio.

La mejor encuesta, para imaginar lo que va a suceder este 28 de abril, es hacer un repaso por la campaña, una inusual campaña, que lleva durando ya diez largos meses. Desde que Sánchez en un golpe de astucia y visión política, en junio del 2018 echara a Mariano Rajoy de la Moncloa en 48 horas, y le mandara involuntariamente a ahogar sus penas a un restaurante del que no salió hasta que los efluvios del alcohol mitigaran su desazón. Diez meses en los que los españoles recobraron la confianza en la política, al ver que cada viernes tenían un “regalazo” en ese Consejo de Ministras con tantas mujeres y tan preparadas: La subida del Salario Mínimo, la recuperación de la Sanidad Universal, de las prestaciones para parados mayores y de larga duración, dinero para empleo juvenil, plan de emergencia contra la pobreza infantil, infraestructuras en territorios abandonados, planes de transición energética y defensa del planeta, subida de pensiones, ley integran contra la violencia de género y ayuda a las mujeres, más becas universitarias, mejoras en los convenios laborales y reversión de la ley de recortes del anterior gobierno. y un largo ecétera hasta llegar a casi cincuenta leyes sociales, económicas y ambientales.

Esa campaña, que ha sacado y sigue sacando de sus casillas a Casado y a Rivera, la de hechos y no palabras, ha sido la mejor carta de presentación para Sánchez, que con el preámbulo del #NoEsNo a Mariano Rajoy y su gobierno de la corrpción, ya partía como favorito de las clases medias y trabajadoras de este país. También de la progresía, la intelectualidad y la gente de bien que solo quiere solidaridad, igualdad, y buenas oportunidades para vivir en España. Que aspiran a que la brecha entre pobres y ricos se achique hasta que el bienestar social dignifique la vida de todos los españoles. Miedo no, pero prudencia y mirar de frente al voto oculto de la extrema derecha, eso si.

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