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15 de noviembre de 2019, 4:41:42
Opinión


Erasmus y banca

Por Pedro Luis Egea Vega

Hay un mundo, dentro del mundo empresarial, conocido como el de las fusiones y adquisiciones, «mergers and acquisitions» en inglés, que es como mejor se le conoce. Y los que saben de esto dicen que aparece y desaparece a lo largo del tempo, mejor dicho, va por etapas, unas veces toca fusionar y otras escindir, su inverso. Desde el comienzo de los ochenta del siglo pasado ya hemos vivido dos etapas de cada, más o menos, que hay sectores donde no paran. Es un continuo tejer y destejer. Penélope sigue entre nosotros, pero no la de Joan Manuel.


Y los que saben añaden que esto de las fusiones y adquisiciones sirve para hacer avanzar la economía al mejorar el tejido empresarial, al propiciar su saneamiento. Les recomiendo que no se crean todo lo que les digan, especialmente sobre y desde el mundo empresarial. No olviden que ellas, las empresas, son las que mejor saben explotar las técnicas del marketing más avanzado, ya le gustaría a la política tener ese dominio del marketing.

Crear EUROPA es una especie de «mergers and acquisitions» continuo. Y hasta ahora lo había sido en una sola dirección; en breve se incorporará a nuestro bagaje cultural europeo el camino de la escisión, que es la otra dirección. No hay porqué preocuparse, créanme. Los principales expertos en «mergers and acquisitions», los bancos de inversión, son anglosajones en su mayoría. Así que saben lo que es eso de ir y venir. En esa continua búsqueda de Ítaca que les lleva a recorrer el mundo entero. Y debe ser que, como llevan unos cuantos lustros sin dominar y creen que ya han conocido todo el mundo, necesitan la aventura de marcharse para mantener viva la llama de esa actividad desquiciada a la que se ven obligados por el inclemente clima de su isla que diría Ramón de España.

Pero dicho lo anterior, una forma de crear EUROPA es crear grandes empresas europeas que puedan competir en el mundo exterior a la unión, especialmente allende el Atlántico y allá junto al río Amarillo. Porque para competir dentro de la UE (Unión Europea) no hace falta aumentar el tamaño de las empresas. Bueno, en algunos países como el nuestro sí hace falta, que el tamaño empresarial importa y nuestras empresas se distinguen por ser, en su inmensa mayoría, de reducida dimensión. En España o las tenemos grandes, como Inditex o ACS, o pequeñitas, como la tienda del barrio o la fábrica de bizcochos de toda la vida; hemos huido del término medio, ese en el que se encontraba la virtud.

Otra forma de crear EUROPA es dotarla de actividades o recursos que faciliten la relación entre los individuos, promoviendo una cultura europea. Y uno de los recursos que más ha ayudado a la relación entre los ciudadanos europeos ha sido el programa de becas ERASMUS. El admirado y, por qué no decirlo, llorado Manuel Marín fue el padre e impulsor de este programa, Premio Príncipe de Asturias del que ya se han beneficiado casi 4 millones de estudiantes europeos. Se considera que el ERASMUS es una de las más importantes creaciones que proporcionan razón de ser a la UE. El ERASMUS ha contribuido mejor que cualquier otro programa al conocimiento de la idiosincrasia de las regiones y comunidades europeas. Treinta años después, ERASMUS es sinónimo de unión y un referente europeo, sin olvidar que su padre fue un español.

Amparándose en eso de «crear EUROPA», en 2017 dos empresas europeas de dimensión mundial, Siemens y Alstom, pidieron a la Comisión permiso para fusionarse y crear un gran grupo competidor con la estatal china CRRC y, en menor medida, la canadiense Bombardier. Recientemente la comisaria europea de Competencia ha denegado la autorización porque entiende que esta fusión podría limitar la competencia en el sector. Independientemente de lo acertado de la medida al no haber cedido las empresas lo suficiente para asegurar la competencia en el mercado doméstico (EUROPA), cesiones que hubieran beneficiado a las españolas CAF y Talgo, esta era una apuesta interesante en el sentido correcto de una EUROPA interconectada. En otros mercados de gran tamaño, como el de EEUU, las fusiones de empresas son vigiladas estrechamente para evitar monopolios o cuasi monopolios en el interior del mismo, dejando aparte las ventajas en el exterior. Es por eso que, entre otras razones, para aumentar su dimensión las empresas americanas miran en el exterior.

Hay que saber conjugar la necesaria competencia con propiciar grupos que cuenten con una dimensión competitiva con otros operadores en un mercado abierto. Y aquí está la clave para abordar lo que está ocurriendo en EUROPA con el sector bancario y muy especialmente en España. Porque en un mercado abierto, aparentemente, tenemos grandes operadores que, en breve, serán aún más grandes, pero que no nos aseguran la necesaria competencia. Se ha anunciado la fusión de Deutsche Bank con Commerzbank, lo que supondría crear el segundo mayor banco comercial de la zona euro, pero de una misma nacionalidad, ¿por qué no propiciar las fusiones transnacionales para hacer EUROPA y preservar la competencia?

Al mismo se anuncia en España una nueva ronda de fusiones, pero fusiones nacionales. La primera ya la tenemos sobre la mesa, la fusión de Unicaja y Liberbank, dos entidades pequeñas que lograrían ganar algo de tamaño en el mercado interior, pero que lo único que servirá es para reducir la competencia y con efectos negativos sobre el empleo. Este nacionalismo bancario choca con la oportunidad de mercado para crear grupos europeos.

Pero no escarmentamos. Ya tuvimos en España un ejemplo de manual de cómo no debe hacerse una fusión bancaria con la de las cajas gallegas en 2010. Costó unos 10.000 millones de euros al Estado, que no a la Xunta que impidió salir fuera de Galicia, y casi 4.000 empleos, el 50% de la plantilla conjunta, como los expertos habían anticipado.

Uno se pregunta ¿por qué se pueden crear grupos transnacionales en todos los sectores económicos, pero no en el bancario?, ¿por qué no puede haber una fusión BBVA-Deutsche o Santander-Société Générale, por poner dos ejemplos? Porque eso sí sería crear una banca de dimensión europea que mantendría la competencia en los mercados interiores. Recuerdo que en España se han perdido para la competencia a la inmensa mayoría de las cajas, sin olvidar a entidades que competían de manera efectiva como era el caso de Banesto o el Popular. Todo ello ha supuesto un importe golpe para el empleo y una reducción de la competencia con el consiguiente encarecimiento de los servicios prestados.

¿Tanto esconde la banca europea que solo pueden fusionarse entidades de un mismo país para preservar el secreto de lo inconfesable?, ¿tan poca confianza tenemos los ciudadanos europeos en bancos europeos?

Ahora que llega el anhelado 26 de mayo para poder votar y elegir un nuevo Parlamento Europeo, preguntemos a los candidatos ¿por qué no se promueve una banca europea formada por entidades de varios países?, hace falta un Manuel Marín que auspicie un ERASMUS en la banca europea.

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