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2 de julio de 2020, 11:28:54
Opinión


Voy al 8 de marzo para no olvidar el mensaje de: ¡alto o disparo!

Por María Sáinz Martín

Yo no nací feminista, sino que me hice feminista porque no entendía como niña, entre otras muchas cosas injustas, que despues de tanto estudiar como cualquiera de mis ocho hermanos, mi madre nos pidiera solo a nosotras la ayuda para poner la mesa o fregar los platos, a pesar de tener ayuda doméstica y estar mis hermanos en sus habitaciones escuchando música o lo que fuera.


Era un ejercicio de sometimiento repetitivo que mi pobre madre hacía para educarnos como mandan los cánones de “las buenas familias” que tenían entronizado en el salón al sagrado corazón de Jesús. Los curas, dominicos, salesianos o maristas, ejercían de consejeros espirituales y mandaban en las casas de las madres y esposas abnegadas.

Yo no nací médica, sino que me hice médica despues de muchos años de estudio y posteriormente de penuria económica por asumir el papel oficial de “la roja” de la familia. Pero lo hice con el orgullo y la admiración profunda de entrega con los enfermos y a la ayuda incondicional al pueblo que hacía mi padre día a día, como médico rural y forense en Alburquerque.

En el primer año de facultad en la universidad de Sevilla, ya pude analizar con más claridad las diferencias sociales, económicas y políticas, pues teníamos la policia secreta en nuestras aulas como supuestos estudiantes que nos vigilaban mañana y tarde. Fuí una joven que comenzaba su militancia radical.

Nos sentíamos o creíamos iguales a los muchachos, que se jugaban la vida como nosotras, en la lucha antifranquista y porque aunque ellos asumían el rol de piquetes mientras nosotras organizábamos los textos o impresión en la vietnamita para luego darlos a la gente, mejor dicho tirarlos y huir, en las manifestaciones minoritarias o de salto que se organizaban en los barrios populares. Y bien lejos de los barrios residenciales en donde vivíamos y dónde parecía que nada se movía.

Nunca olvidaré la pintada de madrugada que teníamos la obligación de hacer con las consignas ¡Viva el 1º de mayo!, en 1972. En nuestras consignas estaba el de “los hijos de los obreros a la universidad”..toda mi fuerza juvenil e ideológica por la fratenidad, justicia e igualdad pudo verse truncada esa noche, si por el azar del guardia civil, vestido de paisano, que nos dió el “alto o disparo!...al piquete de dos muchachos y una muchacha con los esprais en las manos como toda arma, se le hubiera ocurrido tirar a matar, como sucedieron en otras ocasiones.

Toda la lucha vivida dió sus frutos, aunque pasáramos miedo en la clandestinidad en un barrio obrero como era el barrio de El Pilar en Madrid. La muerte del dictador y posteriormente la Transisión, que vivimos y luchamos profundamente, le siguieron las décadas de los gobiernos socialistas que dieron un gran empujón para encender la luces en la vida y en la sociedad democrática. En estos cuarenta años de Democracia he podido disfrutar de mi profresión médica, docente e investigadora. De saberme poeta y feminista, de disfrutar de mis dos hijos varones que apoyan la lucha feminista al igual que mis nueras. También espero que mi nieto sepa siempre lo que es vivir en libertad y en la igualdad real entre varones y mujeres. Que defienda el valor de la tolerancia y el respeto a las diferencias.

Que viva el 8 de marzo, porque es una fiesta por la Libertad, la Solidaridad y la Igualdad real.
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