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25 de junio de 2019, 6:05:07
Opinión

#YoVoyAl8M


Prostitución. La esclavitud que perdura

Por Purificación Causapié

Nos dice Amelia Tiganus que “el Estado permite campos de concentración en sus carreteras”. Me gustaría añadir que también permite campos de concentración de esclavas en sus ciudades, tanto en las calles como en los polígonos industriales. En ellas los proxenetas y sus mafias ocupan miles de metros cuadrados de suelo y edificios que roban a la ciudad para ganar millones de euros.


Recientemente se celebró el debate sobre la Ordenanza contra la prostitución y la explotación sexual en Madrid presentada por el Grupo Socialista, y esta vez Ahora Madrid, Ciudadanos y el Partido Popular, no tuvieron ningún problema en aliarse. Al fin y al cabo se trataba de una norma para defender los derechos de mujeres pobres y mayoritariamente inmigrantes.

Durante el debate oímos de todo. El PP se empeñaba en criticar lo inadecuado del momento y el oportunismo de quienes habíamos tenido la osadía de presentar una Ordenanza de esas características. Sin duda estaba intentando esconder su incapacidad para afrontar un tema en el que navega desde posiciones conservadoras y moralistas que culpabilizan a las mujeres a otras ultraliberales, que vienen a decir “si el mercado lo permite... ¿quiénes somos nosotros, Estado, para impedirlo?

Por su parte, Ahora Madrid empezó escudándose en cuestiones técnicas y utilizando torticeramente a las Asociaciones que trabajan en el ámbito de la prostitución, para finalizar oponiéndose a las sanciones a los puteros. Eso si, después de haber hecho una retahíla de enmiendas que reclamaban una buena aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana en Madrid, con sanciones a las mujeres incluidas. Su cinismo quedó patente y resultó desconcertante.

Por su parte, Ciudadanos defendió la libertad sexual de las mujeres y argumentó que hay mucha gente que ejerce la prostitución libremente. El centro del argumento pretendió ser contundente con un “mi cuerpo es mío y hago con él lo que me da la gana”.

Cuando llegamos a este punto del debate mi capacidad de escucha había superado todos sus límites. Hacer referencia a la libertad sexual y a la decisión sobre el propio cuerpo en el contexto de la prostitución y la trata es un insulto a millones de mujeres que viven esclavizadas, violadas, humilladas, dañadas física y psicológicamente. Nadie decide ser esclava, y afortunadamente nadie puede serlo desde que la esclavitud fue abolida, puesto que es considerada una gravísima vulneración de los Derechos Humanos.

Y por cierto, en nuestra sociedad de derechos, no todo se compra y se vende, aunque le cueste entenderlo a la derecha.

Ver a Ahora Madrid compartiendo argumentos y estrategia con la derecha quizás fue lo más difícil de entender, pero así fue. Incluso quienes dentro de este partido se definen como abolicionistas, y es el caso de IU, se pusieron de perfil y evitaron intervenir. Son capaces de poner líneas rojas sobre la Operación Chamartín pero no sobre la prostitución ni la trata de mujeres y niñas.

Una vez más, se utilizaron viejos argumentos para intentar evitar posicionarse mientras en Madrid las mafias de la prostitución obtienen enormes beneficios a costa de la explotación y el sufrimiento de las mujeres más pobres.

Recurrir al argumento de que la prostitución divide al movimiento feminista no sólo falta a la verdad. El feminismo es y siempre fue abolicionista, como la izquierda cuando tiene claro que la dignidad y los derechos de las personas no pueden formar parte del mercado. Además tal afirmación es una utilización irresponsable del movimiento feminista por parte de partidos y grupos políticos que quieren ocultar su propia división.

En todo caso, a lo largo de los años ha habido muchas luchas que nos han dividido a las mujeres feministas, unas veces entre nosotras y otras con nuestros partidos. Nos dividió la doble militancia, la estrategia de avanzar hacia la igualdad, la necesidad de una ley integral contra la violencia de género, la democracia paritaria, la conveniencia de una ley de plazos o una de supuestos respecto al aborto. En muchas ocasiones hemos tenido que pelear derechos de las mujeres a pesar de las divisiones, la incomprensión y las presiones de grupos que tienen una enorme capacidad para incidir económica, política, social y mediáticamente. Si no hubiéramos emprendido esas batallas nunca hubiéramos ganado conquistas en igualdad que han sido la clave del cambio en la vida de las mujeres.

Acudir al recurso de afrontar solo la trata, porque se supone que es lo que nos une, y dejar a un lado la prostitución, es otra falacia que esconde la falta de coraje para afrontar esta realidad violenta, cruel e indigna, que nos cuestión como seres humanos. Si nos paramos un momento a escuchar los terribles relatos de las mujeres supervivientes, podemos fácilmente entender que ambas cosas son lo mismo en este mundo donde la prostitución es una práctica de la que se nutre una gran red mundial que trafica con mujeres y niñas, y que sitúa en nuestras carreteras, pueblos y ciudades, pequeños “campos de concentración” que se mantienen fuera del Estado de Derecho porque conviven con la esclavitud más antigua de la humanidad.

La responsabilidad con la sociedad en la que vivimos y con el fin de la explotación tal y como hoy la conocemos requiere de una izquierda valiente y de una apuesta clara por parte del feminismo. Una vez más el PSOE ha dado el paso al frente como partido feminista. No me cabe ninguna duda, como en otras ocasiones y a pesar de las enormes resistencias, ganará la Libertad.

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