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4 de diciembre de 2020, 12:41:45
Opinión


La valentía del Presidente Sánchez con el sector de la automoción

Por Guzmán Garmendia

8 de cada 10 coches fabricados en España se exportan. Para ser competitivos y dar certidumbre al sector de la automoción debemos atender al calendario de los países importadores y competidores sobre Transición Ecológica y prohibición de vehículos de combustión’. Con este ‘tuit’, Pedro Sánchez resumió su intervención en la Sesión de Control en el Congreso de los Diputados el pasado 21 de noviembre, dónde respondió a al diputado del PDeCat Carles Campuzano, quien le preguntó por la transición del sector del automóvil y de la movilidad, una cuestión crucial que a día de hoy actúa como motor de la actividad de la industria, el empleo y la sostenibilidad, un sector sumido en la incertidumbre y en profundo cambio, como ya advertimos en estas mismas líneas hace escasas fechas.


Las señales son claras y nítidas: la industria de la automoción está cambiando y en España nos tenemos que adaptar, es más, debemos preguntarnos si ya vamos tarde para esta transformación. El papel que debemos jugar en tierras hispánicas es de seguidismo y aceptación, procurándonos un disfraz camaleónico a la mayor brevedad, y es que, nos guste o no, las decisiones sobre nuestro futuro, y los de miles de empleos y empresas, se está decidiendo más allá de nuestras fronteras, dónde no tenemos ni voz ni voto. Por lo tanto, ante la desidia y desprecio histórico a la inversión en I+D+i, en España, tenemos que presentar nuestro territorio como tremendamente válido para seguir siendo el mejor espacio en el que las grandes marcas automovilísticas mantengan, y digo mantengan, sus plantas de ensamblaje.

Según los grandes fabricantes, el montaje o ensamblaje de un vehículo eléctrico cuenta con número muy inferior de fichas en comparación con el rompecabezas del coche de combustión. De esta forma, y a modo de ejemplo, el propio motor de combustible fósil necesita cerca de mil quinientas piezas incluyendo escape y transmisión, mientras que en las mismas secciones de un vehículo limpio tan solo habría que montar doscientas. Teniendo en cuenta, como decíamos en el párrafo anterior, que el protagonismo nacional en el sector de la movilidad de las cuatro ruedas es básicamente de montaje, las alarmas deberían haber saltado hace ya mucho tiempo, algo que, por fin, se está produciendo ahora, tal y como certificó el Presidente Sánchez en la reciente sesión de control a la que nos referíamos.

En España, según el borrador de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, se prohibirá la matriculación de coches de combustión en 2040, diez años más tarde que en Alemania, recordemos, lugar en el que, junto a Francia, mayoritariamente se están tomando decisiones sobre las plantas automovilísticas emplazadas en nuestro país. Estos dos países, sumados a Reino Unido y Bélgica, son además el destino de la mayor parte de esos ‘8 de cada 10 coches fabricados en España’, y es ahí donde debemos fijar nuestra atención. Alabando el borrador de ley, debemos incidir en que el plazo es más que razonable, y lejos de mantenernos en el cómodo espacio de las medidas cortoplacistas de continuidad, la apuesta de España por el vehículo eléctrico debe ser tan contundente como merece la necesidad de mantener, y quien sabe, hacer crecer, la importantísima aportación que el sector suma a día de hoy a los principales baremos de empleo, calidad de vida y, por tanto, riqueza de nuestro país.

Decirlo es fácil, hacerlo es otra cosa. No debemos olvidar las razones que en los años 60 llevaron a la industria de la automoción a instalarse en la península Ibérica, unas razones que en la actualidad se tornan en inservibles con la llegada de la digitalización, la inteligencia artificial y la mal llamada Industria 4.0. A día de hoy serían otras las razones para que, desde cero, Volks Wagen, Citröen, Opel, Renault o Ford decidieran atravesar los Pirineos y construir sus sueños bajo el excepcional clima peninsular. Si bien las condiciones climatológicas son un factor importante, son otros muchos los factores que nos evaluarán y decidirán, ahí es nada, que el corazoncito franco-alemán emerja por encima los balances y trasladen sus plantas a tierras más lluviosas, las suyas. Para aprobar, incluso con nota, debemos ser conscientes que ha llegado la hora de los valientes, y solo éstos sobrevivirán.

‘El que es valiente es libre’, advirtió Séneca. La valentía, una virtud largoplacista poco dada en el ámbito político, se mide en la incorporación del modelo al país, la inversión en I+D+i, la adaptación tecnológica, la unidad de los agentes sociales y la involucración de todos los estamentos educativos a la realidad digital. Las últimas y valientes medidas anunciadas por Pedro Sánchez y su equipo, así como el borrador de la Ley de Cambio Climático y Transición Energética, nos sitúan en el optimismo, sin que debamos rebajar ni un ápice el nivel de esfuerzo que requiere nuestra, hay que reconocerlo, delicada situación.

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