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14 de agosto de 2020, 3:31:33
Opinión


Amar en tiempos de guerra. Cold War, cine para no olvidar

Por Lola Vega


Una mujer polaca baila en lo alto de la barra del bar parisino El Eclipse. Ella es Zula, una cantante y bailarina que ha huido de Varsovia a Paris detrás de Viktor, un músico que es su gran amor. El film muestra muchas cosas además de este amor privado y trágico. Las primeras escenas sorprenden porque se desmenuza el método y el trabajo -en paisajes fríos y rurales de Polonia- de una selección de artistas con el fin de montar una compañía de coros y danzas. Para ello se buscan canciones antiguas trasmitidas de generación en generación y el resultado en blanco y negro es sorprendente.

La música y la Historia son solo una cortina, un telón para mostrarnos a Zula y a Viktor . Mas allá de los surcos del amor, el espectador contempla imagen tras imagen, el tránsito de ese período de los años cuarenta en el que se muestra claramente la distancia entre el este y el oeste europeo, una distancia que se va acentuando y en la que la música folklórica da paso a la propaganda, y en la que, irá irrumpiendo la libertad del jazz.

Pero ni la historia oral del pueblo polaco, ni el estalinismo, ni las bellas imágenes de los tugurios de Jazz de Paris, nos interesan tanto en Cold War como la tragedia amorosa de dos seres desesperados. Un hombre y una mujer que no pueden vivir el uno sin el otro; pero tampoco el uno con la otra. Es el tema de siempre, pero pocos directores como Pawel Pawlikowski lo consiguen mostrar

con la contundencia, la sensibilidad, la desesperanza y la angustia de Cold War. Una película para no olvidar.

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